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martes, 4 de febrero de 2014

“IN MEMORIAM” DE YOLANDA, ESTUDIANTE ASESINADA POR EL FASCISMO.



Era la madrugada de un dos de febrero, corría 1980, en Madrid el movimiento estudiantil estaba muy activo y comprometido contra unas leyes injustas de educación del Gobierno de aquellos momentos; cierres de institutos y universidades, detenciones, apaleamientos, aunque algo superaría a la represión, un comando fascista secuestró a Yolanda González Martín, tenía 19 años, y después de torturarla, la asesinaron en un descampado próximo a Alcorcón. Fue un crimen de odio, la seleccionaron por su liderazgo en el movimiento estudiantil, era de la coordinadora de Enseñanzas Medias, militante del Partido Socialista de los Trabajadores y nacida en el País Vasco. Sesgos esenciales para sus asesinos. Con su muerte a todos nos asesinaron un poco, nuestra movilización estudiantil, en medias y universidad, sufrió su mayor golpe y el país entero, una gran conmoción.

Yolanda González estudiaba electrónica en el Instituto de Formación Profesional de Vallecas, era una comprometida militante de izquierdas y desde su matriculación lucho por los problemas de los estudiantes y la falta de democracia impulsando la Coordinadora de Enseñanzas Medias y Formación Profesional frente al Estatuto de Centros. En las universidades, otros denunciábamos la Ley de Autonomía Universitaria y seguíamos reivindicando con fuerza una consigna que resumía todo: “el hijo del obrero a la universidad”. Tras distintas movilizaciones, el 13 de diciembre de 1979 se realizaron dos manifestaciones, por la mañana una de universidades y por la tarde, otra de sindicatos, en ambas asisten los compañeros de “medias”. Masiva por la mañana, donde participó Yolanda, y todo un éxito. Por la tarde, tras una represión salvaje cerca de la Glorieta de Embajadores, los disparos de unos policías mataron a los estudiantes José Luis Montañés y Emilio Martínez.

Sin embargo y pese a la conmoción social, el horror no acabaría ahí para el movimiento estudiantil, como tampoco empezó en ese momento como confirma la represión y los asesinatos fascistas de bastantes estudiantes, entre ellos Carlos González (1976) recordado en el retrato mural de la Facultad de Económicas, a la entrada de Somosaguas. No obstante con Yolanda se superó todo lo inimaginable, no solo podías recibir palizas y disparos en manifestaciones, ya era posible que te secuestraran en tu casa a punta de pistola, que te torturaran y que te dispararan hasta matarte en un descampado de Madrid. Algunos, hay que confesar, no lo hemos superado.

No nos extrañó conocer quiénes eran sus asesinos, sabíamos que fueron ultraderechistas, aunque no conocíamos su identidad hasta que detuvieron a Emilio Hellín e Ignacio Abad, militantes de Fuerza Nueva, como principales autores, junto a otros miembros del comando. Lo reivindicaron como “Batallón Vasco Español” aunque siempre supimos que eran los nazifascistas que nos atacaban, y como luego se demostró en los tribunales, con conexiones con los sectores ultras de las fuerzas de seguridad del Estado. La lucha estudiantil aunque continuó, fue debilitándose, parecía que teníamos que entender que era un coste de una transición que no ilegalizó al fascismo y que no castigó a torturadores de la dictadura franquista, mientras toda la ultra se exhibía con arrogancia contra la movilización social y los valores democráticos.

Los asesinos de Yolanda fueron condenados, Hellín a 30 años y Abad a 26, y el primero gozó de permisos al poco tiempo, escapándose varias veces, hasta esconderse y cobijarse en otra dictadura, en Paraguay, al amparo del régimen fascista Alfredo Stroessner, donde montó una empresa Informática y trabajó para una cooperativa militar, hecho conocido en la embajada española de ese país pues allí se inscribió a primeros de 1987. Tras la denuncia en España del Partido Socialista de los Trabajadores y con 20.000 firmas de apoyo, fue detenido por la Interpol y entregado a España donde ingresó en prisión en 1990, aunque fue absuelto (!) de quebrantamiento de condena por su fuga. La madre de Yolanda señaló a Efe: “Espero que cuando el asesino de mi hija vuelva al lugar del que nunca debió salir se hayan acabado todos los permisos para él”.
Permisos, juzgados de vigilancia, seguridad, gobierno, reducciones de condena en favor de Hellín y del resto de los condenados….hay tantas cosas que nunca se aclararon. Hellín fue condenado a 43 años, tras quebrantar condenas, no se sabe cuánto cumplió, aunque los medios de comunicación calcularon poco más de 13 años pues desde 1995 solo iba a la cárcel a dormir y al año siguiente fue puesto definitivamente en libertad. Pese a preguntas parlamentarias al respecto, nadie contestó nunca de manera oficial. 




No obstante la sorpresa saltó el 24 de febrero de 2013, el reportaje “La vida oculta del asesino de Yolanda”, en el periódico El País, revelaba que Emilio Hellín había cambiado su nombre por el de Luis Enrique y que era uno de los principales asesores del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, sorprendiendo su asistencia como perito en la Audiencia Nacional, lo que llevó a la oposición en marzo de ese mismo año, a promover una proposición no de ley sobre actuaciones en relación con la prestación de servicios para las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado de un condenado por el secuestro y asesinato de Yolanda González.

Perplejos por la realidad, la familia, sus amigos y compañeros de Yolanda, de partido o del movimiento estudiantil, seguimos reclamando memoria, justicia y reparación, algo que es una asignatura pendiente para tantas personas que sufrieron represión y crímenes de odio en un tiempo donde luchar por los derechos conllevaba el riesgo de poder ser apaleado, detenido o lo que es más terrible, perder la vida como muestra el paradigma de nuestra compañera Yolanda González.

En memoria de Yolanda y recordando este abyecto crimen: querida compañera descansa en paz y si te llegan nuestras palabras para mejor homenaje, tu lucha es la nuestra y aún continúa.

Esteban Ibarra
Presidente de Movimiento contra la Intolerancia

www.movimientocontralaintolerancia.com

miércoles, 22 de mayo de 2013

Vencidxs, la memoria de María Martín


 

Mi padre me decía que nunca llorara aunque me viera con las tripas en la mano. Así hago. Aunque, tantas cosas van ya, que no sé si tirar para atrás o para adelante. Yo no creo ya ni en mí.
Mi padre se llamaba Mariano. Era labrador y ganadero. Mi madre Faustina. La llamaban “La Grifa” porque tenía el pelo rizado. El primer recuerdo que tengo de ella es el día que se la llevaron. Estábamos en casa de una vecina viendo cómo entraban los moros. Vino un señor, mandado por quien fuera, que me agarró de los hombros y me separó de mi madre para llevársela. Ya no la volví a ver hasta el 20 de septiembre, que la soltaron para que fuera a buscar mil pesetas a cambio de que no la mataran. Como no las tenía, la mataron al día siguiente. Mi hermana se enteró de cuando la llevaban a matar, y fue corriendo detrás, pero no le dejaron despedirse de ella. Un guardia civil le pegó con la culata del fusil y la tiró al suelo. Ese día mataron a 27 personas. Las cuatro mujeres fueron desnudadas. No nos permitieron recuperar la ropa.
Luego nos echaron de nuestra casa. Como estaba arrendada entraron y nos tiraron todo por el balcón. Se quedaron las cosas de la casa y los comestibles. Enseguida se hizo una aristocracia en el pueblo, y allí en el cuartel de la Guardia Civil se iban repartiendo lo de todos: una sábana para ti, otra para mí; aquí sobra una, pues un cacho para cada uno.
Mi padre no estaba en el pueblo cuando mataron a mi madre. Ellos no estaban casados en España, se habían casado en Francia. Pero cuando volvieron de allí no les querían dejar estar juntos porque decían que ese matrimonio no era válido. Mi padre les respondió que sólo se casaba una vez, y por ahí le empezaron las guerras. Lo metieron en la cárcel, lo acusaron de que había sido alcalde: ¿cómo iba a haber sido alcalde si era analfabeto? Él se dio cuenta que tenían intención de matarlo, así que con la ayuda de alguien influyente que le tenía aprecio simuló que lo habían matado. Vinieron al pueblo gritando: “Lo han matado, lo han matado” y todos nos creímos que lo habían matado. Mi madre también. Pero él se había escondido en un pueblo cercano a Ávila. Fue a partir de septiembre de 1936.
Volvió a los dos años con unos documentos que lo protegían de la muerte. Pero las palizas sí se las metían. Un día unos chavales, haciendo una travesura, le tiraron una cesta de aceitunas, y mi padre les riñó haciendo llorar a una. Pero eso lo vio un cacique e intentó pegarle, y él se defendió. Entonces llegaron quince o veinte, todos de su gremio, falangistas y amigos, y lo apalizaron. Llegó a casa y no nos quiso decir lo que le había pasado, nos dijo que había sido un accidente. Pero llamaron a la puerta y era la Guardia Civil. De la paliza que le dieron se le cayó la carne del brazo. Pues porque fue el médico y le curó, al pobre médico, otra soberana paliza. La farmacéutica nos dejaba los medicamentos escondidos por temor a represalias, pues tenía prohibido despacharnos nada. Mi hermana, con doce años, le curaba, y yo le sujetaba la palangana.
A los pocos días de aquello empezaron a saquearnos: “Pásate por el cuartel y nos llevas una carga de patatas”, que eran 115 kg o “pasado mañana una carga de leña.” Muchas veces se lo hemos llevado mi hermana y yo, ayudadas por una vecina, porque cuando él llegaba después había leña de la otra también. Haciéndolo así le evitamos algunas palizas, porque eso era cada dos por tres. Mi padre estaba siempre vigilado y no le permitían salir del pueblo. Aún así, él se callaba, pero nunca se dejaba pisar. Al defenderse, siempre le daban mucho más. Él nunca supo quien había matado a su mujer, pero sí que sospechaba que a nosotras nos hacían algo. Lo cierto es que nosotras íbamos siempre con miedo por la calle. Siempre había algo que darte. Si no era un cachete, te pasaban la mano por encima: “Algún día… No teníamos que haber dejado ni simiente.”
La primera vez que nos hicieron lo del ricino yo tenía 6 años. Nos recogieron por todas las calles y nos llevaron a la Iglesia, a rezar el rosario y cantar la Salve. Nos llevaban a rezar y “a pedir a Dios que fuéramos más buenos.” Luego nos repartieron entre el ayuntamiento, las escuelas y el cuartel de la Guardia Civil. Allí daban el aceite de ricino y las guindillas a los niños de 6 años como yo, que era la más pequeña, porque mi madre no podía ir por mí, pues ya la habían matado. A los niños nos daban medio litro de aceite de ricino con diez guindillas y a los mayores y las mujeres embarazadas, el litro entero con veinte. Una señora, que estaba embarazada, les dijo que si no les daba pena hacerle eso a niñas como nosotras, y le respondieron que si ella se tomaba su ración a nosotras no nos la daban. Se la dieron, lo de ella, lo de mi hermana y lo mío. Cuando se lo bebió le dijeron: “Tú es que no tenías bastante y querías más, pero no te apures que ellas tienen aquí lo suyo.” Aquel día estuvimos desde las 9 de la mañana hasta las 8 de la noche.
Luego ya no nos volvieron a juntar más, nos iban llamando por separado, cada día a una persona diferente. Cuatro o cinco veces al año, o más, cuando se les antojaba. La última vez que me lo hicieron a mí fue cuando yo cumplí los 17 años. Vinieron los maquis al pueblo y ellos creyeron que yo los había visto. Esa tarde mataron a uno de los caciques del pueblo. Pero yo no vi nada, y ellos querían que les dijera que sí. ¿Cómo iba a decirles que sí si no había visto nada? Tuve que beberme el litro de ricino y tragarme veinte guindillas. Tuve que ir a las olivillas, unos olivares donde íbamos a hacer nuestras necesidades porque no había servicio, más de cuarenta veces. Iba, y antes de llegar, ya me tenía que volver. Esa noche me acosté inconsciente en la cama. Mi padre me llamaba y yo no podía contestarle.
En realidad nosotras nunca le contamos a nuestro padre lo del ricino. Él hubiera ido a por ellos, y luego lo habrían matado a él. Siempre nos protegía y nos defendía, así que lo protegimos también. Murió a los 85 años y nunca lo supo. Tampoco nunca se quiso volver a casar con otra mujer. Decía que no había ninguna que pudiera ocupar el puesto de mi madre. Siempre le poníamos flores donde la enterraron, y yo se las sigo poniendo. Tampoco he dicho nunca el nombre de los que le daban las palizas a mi padre, ni de los que nos daban el ricino y las guindillas. Los hijos de los asesinos han sido mis compañeros de escuela, y guardamos buena relación, por eso yo nunca les contaré lo que hicieron sus padres. Ellos no tienen la culpa.
Nosotras crecimos en la pobreza. Mi padre compró una cabra y me fue tirando adelante con el espumante de la leche. Cuando cumplí veinte años me marché a Madrid a servir a unos señores y a criar a sus cinco hijos. Todavía guardo buena relación con ellos. Estuve doce años. Luego volví a Pedro Bernardo y me casé, de mala gana, porque mi padre quería recogerse ya. Pero mi marido era buena persona, y a mí con eso me bastaba.
El 7 de diciembre de 1963 nació mi primera hija. Mi hermana me acompañó al hospital, en Madrid, a dar a luz, pero tuvo que marcharse a trabajar. El médico y la enfermera se miraron. Me empezaron a dar unas contracciones muy fuertes, pero la enfermera me decía que no apretara. Entonces yo hice un gesto para contener la respiración. Digo yo si la enfermera creyó que era para hacer más fuerza. Me dijo otra vez que no apretara, y me dio dos bofetadas, a dos manos. Me entraron ganas de hacerle tragar sus gafas, pero pensé: “María, que estás en sus manos y te puede hacer daño a la criatura.” Así que me contuve. Me cruzó las piernas y se sentó encima de mí. Luego vino el médico y le preguntó a la enfermera que qué pasaba. Le contestó: “Nada, éstas de pueblo, que son unas animales.” El médico dijo que el parto era inminente, pues la niña estaba perdiendo respiración. Me llevaron corriendo al quirófano y me anestesiaron. La niña nació, pero yo todavía no la he visto.
Yo tenía la confianza de que ella seguía en al incubadora con la pulsera, pero no me la enseñaban. Al final vino una monja y le exigí que me enseñara a la niña. Se santiguó. Le dije: “Ya no me digas más, pero quiero verla viva o muerta.” Me contestó que ya hacía ocho días que la habían enterrado. Y a mí me habían dejado tan maltratada de aquí abajo, que yo no supe dónde había estado en todo ese tiempo. Tampoco si alguien me visitó o no. Lo que sí sé es que una mujer andaba buscando en el hospital un bebé para adoptar, y negoció con una madre soltera que limpiaba las habitaciones, pero ella le dijo que no vendía a su bebé por nada.
El día 24 de diciembre me dieron el alta. Me cortaron los puntos, tenía todo infectado, pero como ya no tenía fiebre, me dieron el alta. Cuando salí a la calle no paraba de nevar. Desde O’Donnell hasta la Puerta de Alcalá no encontré un taxi. Cuando llegué a mi casa no había nadie, y le pedí a una vecina el dinero para pagar el taxi. Veinte años después me tuvieron que volver a operar, a cortar y a coser de nuevo. El médico me dijo que no sabía cómo podía haber tenido a más hijos, que podía haber perdido hasta las tripas.
Yo siempre he sospechado que a mi niña me la robaron, por eso pido que digáis que si hay alguna mujer que sospeche que sus padres no son sus padres, y que su nacimiento fuera en esas fechas, por favor, que se ponga en contacto conmigo.
He tenido mucho miedo toda mi vida. He pasado por muchas cosas: me han llevado en procesión a la Iglesia, me han apedreado, me han insultado desde niña. Pero un día empecé a luchar por poder sacar a mi madre del pie de la carretera donde todavía permanece enterrada. He pedido ayuda a todo el mundo, a jueces, a ministros, hasta al Rey, porque si hubiera sido la madre del Rey ya la tendría recogida. Al fiscal del Supremo, a los presidentes del gobierno.Nunca nadie me ha dado una solución. Aquí tampoco nadie se implica verdaderamente con nadie. La gente va a buscar su jornal y nada más. De mala sangre no pueden salir nunca buenas morcillas. Y, a nosotros, que no somos nada, el mundo entero nos da la espalda.
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La asociación DateCuenta lanza un crowdfunding para financiar el libro del proyecto ‘VENCIDXS’. La obra relata la historia de un centenar de testimonios que fueron represaliados durante y después de la guerra española de 1936 dando primera voz a personas anónimas que sufrieron las consecuencias del régimen franquista.
Ahora DateCuenta, que lleva cinco años trabajando en el proyecto, busca la ayuda para la edición del libro de VENCIDXS a través de la plataforma LÁNZANOS donde toda aquella persona que esté interesada en conseguir un ejemplar pueda realizar una pre-­‐compra, sin intermediarios y directo de imprenta y, además conseguir como recompensa otros materiales relacionados con la lucha social o la memoria histórica. El proyecto ‘Vencidxs’ es el primer gran proyecto de esta asociación sin ánimo de lucro, y ha sido autogestionado desde el principio. Se trata de un proyecto transmedia que difundirá los testimonios más olvidados de la historia de España en tres formatos: un libro, un documental y una página web con todas las entrevistas.

jueves, 3 de enero de 2013

La crisis y la inmigración favorecen el avance del nuevo fascismo en Grecia

Los neonazis griegos son ya la tercera fuerza política en intención de voto
El líder del partido neonazi Amanecer Dorado, Nikos Mihaloliakos 


Grecia inicia 2013 del mismo modo que cerró 2012, con una crisis económica que mina progresivamente las condiciones de vida de sus ciudadanos y aumenta la popularidad de Amanecer Dorado, la organización neonazi que hoy cuenta con 18 diputados en el Parlamento heleno.
Desde que irrumpió por vez primera en la cámara griega, en las elecciones del pasado junio, con el 7% de los votos, el peso de Amanecer Dorado crece de manera alarmante. Hasta el punto de que la mayoría de las encuestas le otorgan ya una intención de voto en torno al 10%, lo que la convertiría en la tercera fuerza política del país, sólo por detrás de Nueva Democracia (ND) y de Syriza, y por delante del hundido Pasok, el partido socialista griego.
El discurso racista, populista y patriótico de Nicolaos Mijaloliakos, líder de la formación neonazi, no sólo ha calado entre una parte residual de la sociedad helena. Se asienta y conquista territorios insospechados: ciudadanos con bolsillos aún saneados, de barrios no marginales, algunos de ellos con una formación superior a la elemental.
¿Pero por qué el país que alumbró la democracia se presenta ahora como una autovía para el avance del nuevo fascismo? "Amanecer Dorado es el resultado del fracaso en la política de inmigración y, naturalmente, en parte, de la actual crisis económica", afirma Antonis Spathís, miembro de la Liga Griega por los Derechos Humanos (LGDH).
"Todo empezó cuando el anterior Gobierno del Pasok comenzó a decir que había que detener a los inmigrantes, no recibir más delincuencia, castigarlos. Desde entonces, el ascenso de Amanecer Dorado ha sido meteórico porque, cuando proyectas el miedo al inmigrante por todas partes, los ciudadanos no te pedirán protección a ti sino a gente como la de Amanecer Dorado", explica Spathís.
Grecia, la puerta de entrada a Europa
Desde que el Frontex (agencia europea para la gestión de las fronteras exteriores) asumió la vigilancia de las fronteras marítimas de España e Italia, Grecia, más que ningún otro país, pasó a ser la principal puerta de entrada a Europa para millares de personas. Los flujos de migrantes son constantes en el Evro, su frontera terrestre con Turquía, y en las islas. Provienen, sobre todo, de Asia: Afganistán, Pakistán, Bangladesh, Siria...
Las cifras son poco precisas. Algunas hablan de unos 400.000 inmigrantes sin papeles en el país. La sospecha apunta a que el número de inmigrantes en suelo heleno hoy en día iguala al de parados griegos, más de un millón y medio. El Frontex confirma que unos 55.000 inmigrantes indocumentados pasaron el año pasado por la frontera greco-turca, la más "vulnerable".
"Sucede que no hay estructuras organizadas para recibir y mantener a toda esta gente. Porque, durante 20 años, el Estado estuvo ausente, no puso en práctica las políticas adecuadas", apunta Antonis Spathís. "Cuando las cosas iban bien, teníamos los Juegos y los bancos nos prestaban dinero, esto no nos parecía tan grave. Cuando la crisis hizo de catalizador, vimos cómo Amanecer Dorado entraba en el Parlamento no sólo para apalear inmigrantes sino también para expulsar a los malos políticos que votamos durante años", prosigue.
Los inmigrantes, efectivamente, son vistos por una parte de la sociedad griega como causa de algunos de los males que les acucian. "Si se marcharan todos los que hay, al día siguiente el país iría mucho mejor. La gente se sentiría más segura, los griegos volverían a hablar los unos con los otros, se generarían puestos de trabajo y se acabaría con buena parte del mercado negro", asegura Xristos, votante de Amanecer Dorado.
Xristos tiene 35 años, un trabajo estable, un salario que muchos griegos desearían (900 euros) y formación superior equivalente a la FP española. También, amigos extranjeros: ciudadanos de la Unión Europea o no europeos que echaron raíces en Grecia hace más de una década. Hasta las elecciones de mayo, siempre había votado, como su familia, a los conservadores de Nueva Democracia. En los dos últimos comicios –los de mayo y los de junio-, todos votaron a Amanecer Dorado.
"Son los únicos que no sólo hablan, sino que actúan. Y, además, cuando hablan, los entiendes; el mensaje llega a la gente", dice Xristos cuya novia y futura esposa vive en uno de los barrios en los que Amanecer Dorado ha forjado buena parte de su sorprendente éxito electoral.
El modelo Agios Panteleimonas
En el centro de Atenas, entre la plaza Attiki y la plaza Agios Panteleimonas, no muy lejos de la zona más turística de la capital griega, los neonazis hallaron el escenario perfecto para llevar a la práctica su discurso racista. En los últimos años, la zona se ha convertido en un importante gueto de inmigrantes sin papeles. Y el estraperlo, las drogas y la prostitución, en actividades habituales en la vida cotidiana del barrio.
"Efectivamente, existía un gran problema en el centro de Atenas, no lo podemos negar; y durante años, el Estado no hizo nada para gestionarlo", constata Antonis Spathís. "Hasta que los de Amanecer Dorado vinieron y empezaron a poner orden; son los únicos que hacen algo", interviene Alekos, un jubilado que ahora pasea sin problemas a Romeo, su perro, por la plaza Agios Panteleimonas.
No es que las amenazas, las palizas y las operaciones escoba de los miembros de Amanecer Dorado hayan acabado con los inmigrantes en el barrio, pero, hoy día, a primera hora de la tarde, en esta plaza, los niños –muchos de ellos extranjeros– juegan y los vecinos sacan a sus perros. Las concentraciones masivas de extranjeros han desaparecido. Las patrullas de la policía motorizada han sucedido a los neonazis y peinan la zona constantemente. Los agentes paran a todo aquel sospechoso de ser inmigrante ilegal, le piden los papeles y, a menudo, se lo llevan detenido. Pero las operaciones policiales de las autoridades han llegado tarde.
"La acción de Amanecer Dorado en Agios Panteleimonas se considera la principal clave de la transformación de un pequeño grupo marginal en un elemento político masivo que se dirige a todo el espectro electoral", escribe el periodista Dimitris Psarras, en su reciente libro 'La biblia negra de Amanecer Dorado' (Ed. Polis). Fue así como la organización, que comenzó a forjarse durante la Metapolítefsi griega –el periodo que siguió a la caída de la dictadura de los coroneles- y adoptó su actual nombre en 1980, pasó, en cuestión de pocos meses, de su residual 1,5% de votantes al actual y creciente 7%.
Enarbolando la bandera helena, poniendo en su punto de mira todo lo que consideran antigriego, apelando a la raza, la familia y la religión y despotricando contra las estranguladoras medidas del memorándum impuesto por la troika a Grecia, los neonazis de Amanecer Dorado han conseguido marcar parte de la agenda política del país, además de convencer a gente como Xristos o Alekos de que la violencia racista está justificada.
"Los partidos políticos tradicionales han perdido la legitimidad. Ninguno ha recogido las reivindicaciones de la gente, lo que se pedía en los movimientos de las plazas", apunta Makis Kavouriaris, articulista y exprofesor de economía en la Universidd de París VIII. "Por otra parte, Amanecer Dorado se dio cuenta de que el discurso racista captaba votos y se hizo presente en los barrios marginales, donde la gente está tan desesperada que no ve otra salida", añade Kavouriaris, antiguo miembro del Partido Comunista griego en el exilio.
Carne halal en 'Greciastán'
Con unas 50 oficinas en todo el país –varias en Atenas– y algunas en el extranjero (en Nueva York, por ejemplo), Amanecer Dorado recoge las peticiones de los ciudadanos para decidir en cuáles interviene directamente y cuáles lleva al Parlamento. Algunas resultan tan delirantes como la pregunta presentada recientemente en la Cámara griega sobre la venta de carne halal –la permitida para los musulmanes– en lo que la organización denomina Elladistán, es decir Greciastán. Las actuaciones directas acostumbran a ir acompañadas de amenazas y violencia (desde exigir la expulsión de un niño extranjero del colegio para que entre uno griego hasta palizas a inmigrantes). Y sus propuestas concluyen siempre con el "sólo para griegos", se trate de hospitales o de una compañía de taxis.
"A diferencia de lo que sucede en otros países de Europa, donde la extrema derecha apela a 'los puestos de trabajo que roban los extranjeros', en Grecia, la retórica racista pretende incitar el miedo que genera la exageración de la delincuencia de los extranjeros porque los trabajos que estos desempeñan son tan infravalorados que ni siquiera en plena crisis económica resultan atractivos para los nacionales", escribe Psarras.
Muy crítico con el papel de los medios de comunicación, especialmente de los canales de televisión, en el tratamiento de las cuestiones relacionadas con la inmigración y con Amanecer Dorado –Psarras denuncia la magnificación de los episodios protagonizados por inmigrantes y el pábulo dado a los neonazis–, este exredactor del diario Elefterotypia también desvela cómo algunas de las buenas acciones atribuidas a Amanecer Dorado (acompañar a las ancianas al banco para protegerlas de los delincuentes, por ejemplo) son puros montajes realizados en connivencia con familiares y amigos de miembros de la organización; difundidos a todo trapo por los medios afines al grupo liderado por Mijaloliakos y replicados luego por los demás.
Mijaloliakos, triunfador cuatro décadas después
Pese a su agresividad, la habilidad dialéctica de Mijaloliakos es incuestionable. Presente en las bambalinas de la política griega desde hace casi 40 años, este admirador confeso de Hitler ha sabido aprovechar la crisis, la desesperación de la gente y el desplome del sistema político tradicional, que pensó que Amanecer Dorado sería un fenómeno pasajero, para dar a su discurso racista y populista una pátina de veracidad.
"Es que tiene razón en lo que dice: Grecia se ha llenado de inmigrantes", asegura Xristos, un rumano asentado en Grecia desde hace casi dos décadas. Curiosamente, Xristos trabaja en una empresa de autocares que cubre la ruta Atenas-Rumanía-Chequia-Eslovaquia, situada justo al lado del cuartel general de Amanecer Dorado en la capital griega. Y calla cuando se le pregunta si comparte las ideas y el proceder de la organización neonazi. "Cada cual hace su trabajo y lo que yo sí haría es cargarme a todos los políticos corruptos que nos han robado y llevado a la ruina durante estos años. Nosotros nunca hemos tenido problemas con la gente de Amanecer Dorado: somos europeos. El problema lo tienen con los que vienen de otros sitios", concede.
Quizá no sea un detalle menor que la empresa en la que trabaja este rumano pertenezca a un griego en cuya mesa de despacho reposa una carta de una asociación de jubilados dirigida a Amanecer Dorado. Aunque tal vez sólo esté allí por el peculiar horario de funcionamiento de la oficina central de la organización: de 7 a 9 de la tarde, los martes, miércoles y sábados. Según aseguran por teléfono, tampoco cuentan con un gabinete de prensa para atender las peticiones de entrevista de los medios extranjeros.
¿Pasará el fascismo?
"La cuestión es que el juego político se ha situado ahora en la calle, entre Syriza, Amanecer Dorado y la izquierda radical", destaca el profesor Kavouriaris. "Yo creo que la extendida teoría de los extremos es errónea", matiza Antonis Spathís. "Porque, por un lado, Syriza es un partido político y, por otro, Amanecer Dorado es una organización nazi. No son lo mismo", se explica. "Pensar que tienes que ir hacia un lado o hacia el otro tiene su peligro. Lo que sí es un hecho es que en la política del país se ha instalado un retórica de extrema derecha", asevera el representante de la LGDH.
Mientras las condiciones del memorándum siguen estrangulando las condiciones de vida y las esperanzas de los griegos, el nuevo fascismo avanza sin que nadie acierte a ver dónde está su límite.
"Que el fascismo siga o no progresando dependerá de si dejan de flirtear con él aquellos que desean deshacerse de una vez por todas de la izquierda a través de Amanecer Dorado. De otro modo, puede que lo que no consiguió Ioannis Metaksás en 1936 y ni si quiera intentó Georgios Papadópoulos en 1967 lo logre ahora Nicolaos Mijaloliakos", advierte Psarrás. "Debería haber una propuesta conjunta de toda la izquierda que convenciera a la gente que tiene miedo de que hay otro modo de hacer frente al problema, de que la violencia y el racismo no mejoran la situación sino que la empeoran", concluye Spathís.
http://www.eldiario.es/internacional/Amanecer-Dorado-preocupante-fascismo-Grecia_0_86091663.html