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lunes, 1 de abril de 2013

Buena Noticia: El feminicidio será delito en Ecuador


Ecuador espera dar un paso adelante en la lucha contra la violencia machista, con la tipificación del crimen de feminicidio y su inclusión en el nuevo código penal en ciernes.

Un esfuerzo inicial para reducir la vulnerabilidad de las mujeres ecuatorianas se concretó cuando se presentaron en 2012 las primeras estadísticas de violencia de género y se demostró que 60 por ciento de la población femenina había sufrido algún maltrato.
Hoy se busca ir más allá e incluir el feminicidio, como se ha elegido denominar este delito, en el Código Orgánico Integral Penal, cuyo proyecto se presentó en diciembre de 2011 y que sería aprobado por la legislatura que se iniciará el 24 de mayo.
En este proyecto, el feminicidio se determina “cuando una persona mata a otra por el hecho de ser mujer, en circunstancias claramente establecidas”.
Son estas “pretender infructuosamente establecer o restablecer una relación de pareja o de intimidad con la víctima; mantener o haber mantenido con ella relaciones familiares, conyugales, de convivencia, de intimidad, noviazgo, amistad, compañerismo o laborales; ser resultado de la reiterada manifestación de violencia en contra de la víctima o de ritos grupales usando o no armas”.
¿Qué es lo que lleva a Ecuador a destacar este delito? En principio, la evidencia.
Análisis académicos y policiales indican que los asesinatos de mujeres por razón de su género aumentaron en forma drástica. El Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana reportó 21 muertes por feminicidio en Quito en 2012, mientras que en 2011 los casos registrados fueron 28.
En la urbe más poblada del país, Guayaquil, situada sobre la costa del océano Pacífico, de 137 asesinatos de mujeres registrados entre enero de 2010 y junio de 2012, 47 fueron feminicidios y apenas cuatro concluyeron en sentencias judiciales, según el informe “Las rutas de la impunidad”, presentado el 14 de este mes por el Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer de esa ciudad (Cepam).
Otra razón que empuja a crear la figura del feminicidio es la conmoción causada por la última serie de asesinatos de mujeres.
Karina del Pozo, de 20 años, desapareció el 20 de febrero en Quito. Hallaron su cuerpo ocho días después en un terreno baldío en el norte de la ciudad, con huellas de violencia física y un golpe en la cabeza que le causó la muerte.
Las investigaciones determinaron que sus matadores fueron tres conocidos suyos, que actuaron cuando la joven se negó a tener relaciones sexuales con uno de ellos, después de una fiesta a la que asistieron juntos.
A mediados de febrero se halló el cuerpo de una adolescente de 16 años dentro de un costal en la provincia andina de Cotopaxi, centro-norte del país, con signos de violencia sexual.
El 28 del mismo mes, Gabriela León, de 24 años, fue estrangulada y su cuerpo abandonado en un saco en la ciudad de Ibarra, en el norte. En todos los casos, los sospechosos o asesinos confesos son hombres.
Ante esta realidad, miles de personas salieron a las calles de Quito y otras ciudades afectadas a reclamar más seguridad, y familiares de las víctimas se han organizado para pedir que se considere el femicidio como un delito específico.
Ser trata de “el asesinato de una niña, adolescente o mujer, por el hecho de ser mujer o por las construcciones culturales según las cuales hombres de su círculo cercano sienten que tienen poder sobre ellas y su integridad”, detalló a IPS la legisladora izquierdista María Paula Romo, del partido opositor Ruptura 25.
La psicóloga Angélica Palacios, profesional en protección de delitos sexuales, señaló que “este es un tema de relación de poder que está inmerso en el sistema familiar, laboral, fraternal y social”.
Para Romo, incluir el femicidio en el nuevo código penal responde a “la necesidad de visibilizar esta forma de violencia extrema contra las mujeres, que tiene características tan distintas a otros delitos contra la vida”.
Sin embargo, no cree que la sola tipificación genere cambios. “Tipificarlo no sirve para prevenir ni para evitar, pero es una herramienta para hacer conciencia, para llamar a las cosas por su nombre, para capacitar y sensibilizar a los operadores de justicia, incluso para tener información estadística que nos permita trabajar para cambiar esta realidad”, dijo.
La propuesta legal contempla castigarlo con hasta 28 años de prisión, una pena similar a la del sicariato.
Para el legislador oficialista Mauro Andino, presidente de la Comisión de Justicia de la Asamblea Nacional, el propósito de la reforma es precautelar los derechos de las mujeres.
“Es distinto cuando una mujer muere a causa de un robo que cuando la muerte se da por el acoso, la violencia o el hostigamiento de su pareja o conviviente”, dijo.
Según la Encuesta Nacional de Relaciones Familiares y Violencia de Género 2012, del total de mujeres que dijeron haber experimentado violencia de género (60 por ciento), una proporción de 76 por ciento la sufrieron a manos de sus parejas o exparejas.
A este dato se añaden otros: dos de cada cinco mujeres han sufrido violencia física, y una de cada cuatro ha sufrido violencia sexual.
Además, esa violencia emerge tanto en las ciudades (61,4 por ciento) como en el área rural (58,7 por ciento) y afecta a todos los estratos, pues el quintil más pobre y el más rico tienen grados superiores a 50 por ciento.
Ecuador se suma así a una tendencia latinoamericana. El feminicidio, como plantean denominarlo organizaciones feministas, o femicidio ha sido incorporado a las legislaciones de Argentina, Bolivia, Costa Rica, Chile, Guatemala, El Salvador, México y Perú.
Sin embargo, en varios de esos países –México y Guatemala, los más notorios– la sola tipificación no ha bastado para reducir la ola de violencia contra las mujeres.

http://periodismohumano.com/mujer/el-feminicidio-sera-delito-en-ecuador.html

lunes, 8 de octubre de 2012

Lavapiés, el nuevo barrio rosa



Una pareja de lesbianas pasea de la mano por la calle de Lavapiés. El termómetro marca 39º. Aunque el bochorno del ambiente no invita al acercamiento, el deseo de las primeras citas las invita a darse un par de besos en cada esquina. Al verlas, el frutero bangladesí se pone más colorado que los pimientos que cuelgan en la tienda. Tampoco les quitan el ojo los camareros indios que custodian las terrazas de la calle a última hora de la tarde. El barbero marroquí de la esquina, en cambio, ni se inmuta.
En los últimos años, esta escena es muy común entre las empinadas callejuelas del barrio, cada vez son menos las miradas indiscretas. “Lavapiés se está convirtiendo en un barrio multiétnico de color rosa. Cada vez hay más lesbianas y gais que se mudan a la zona”, explica Boti García, presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), y vecina del barrio desde 1994. Esta tendencia ha impulsado la apertura de más de una decena de locales de ambiente abiertos (la mayoría) a todos los públicos. Sin estridencias. Guardan la estética de bar de toda la vida con un toque moderno. Leyre, una de las dueñas del bar de copas El Gallinero, advierte: “Parte del colectivo está cansado del mercantilismo de Chueca”. La cuestión es: ¿Qué tiene Lavapiés que no tenga el barrio gay por excelencia de Madrid?


Boti García, presidenta de la FELGTB, en El Rincón Guay. / SANTI BURGOS
“En primer lugar, el nivel adquisitivo de la zona es mucho más bajo. Chueca se ha convertido en un gueto apto para personas con ingresos elevados. En segundo lugar, allí se celebra el Orgullo Gay a todas horas, y eso cansa. Queremos un barrio donde podamos ser uno más, no el centro de atención. Y, por último, en el caso de las lesbianas, ya era hora de que tuviéramos un punto de encuentro para nosotras”, argumenta Patricia Soto, dueña del pub de ambiente lésbico El Mojito. “Lavapiés siempre ha sido un barrio de extramuros, siempre en la frontera de una sociedad biempensante, como el colectivo LGTB”, explica Boti García, mientras toma un té de hierbabuena en la terraza de El Rincón Guay, una cafetería frecuentada y regentada por gais.
Lo primero que hizo su dueño, Mauricio Main, cuando lo abrió fue colocar una bandera multicolor como toldo. “Recuerdo lo mucho que les gustaba a las ancianas que venían a comprar al mercado de San Fernando”. “Chueca sabe a plastilina. Lavapiés, a cocido madrileño”, sentencia Panchi, una de las encargadas de La Antigua Taquería, una vieja taberna reconvertida en un restaurante de comida mexicana regentado por lesbianas. “No queremos etiquetas ni destacarnos por nuestra condición sexual”, asegura Panchi, mientras prepara una quesadilla de huevo y trufa, uno de sus platos estrella. En un espejo enorme aparece pintada la carta. A su lado, un par de estanterías sostienen el peso de las botellas de alcohol que aderezan los cócteles. Una figura de San Pancracio las custodia. El personal que pasa a lo largo del día por La Antigua Taquería es de lo más variopinto: desde un grupo de paquistaníes que toma el café mañanero, pasando por el vecino de toda la vida que pide una cerveza y unas aceitunas, estudiantes y jóvenes que aprovechan el módico precio de los platos para disfrutar de una noche de verano, gais y lesbianas dispuestos a encontrar pareja...
La predilección del colectivo LGTB por el céntrico barrio, de 39.985 habitantes, no es nueva. “En los años ochenta y noventa, Lavapiés fue el nido de grupos reivindicativos por la homosexualidad como La Radical Gay y Lesbianas LSD”, recuerda Gabriel Abraham, dueño de la única sauna gay de la zona, en la barra del Madness, un pub fetichista para gais situado también en Lavapiés. Entre gemidos y cuartos oscuros, Abraham, de 48 años, muestra la variedad de posturas y juegos sexuales que se pueden practicar en el local, vacío a primera hora de la tarde.
“Cuando Chueca se puso de moda, Lavapiés pasó a un tercer plano, pero siempre hemos estado aquí”, matiza. En 2010 este vecino del barrio abrió la sauna, deunos 300 metros cuadrados. Por el módico precio de 10 euros, el cliente gay puede pasar hasta ocho horas disfrutando entre vapores, el jacuzzi, los masajes, las cabinas, etcétera.
La apertura en 1996 del Centro Social Ocupado Eskalera Karacola, autogestionado por mujeres, atrajo a un gran número de lesbianas al barrio. Cerca de Antón Martín se encuentra elClub 33, más conocido como La Antigua Medea, uno de los lugares de ambiente lésbico más emblemático de Madrid. Con más de 30 años de experiencia, sus actuales dueñas han querido dejar atrás los tiempos de las mirillas para acceder a la discoteca y ahora abren tanto a los que entiendencomo a los que no. “Aunque hay un mayor número de locales femeninos, los gais estamos invadiendo el espacio poco a poco”, asegura Dalton Penn, dueño del Bangalá, un pub de encuentros sexuales masculino. “Por cuatro euros puedes tomar un gin tonic y pasar un buen rato. En Chueca, esto es impensable”, critica.
El presidente del Colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM), Agustín González, lamenta quse considere Chueca como un barrio elitista. “Es muy positivo que se abran más espacios para los gais en Madrid, y estos dos barrios se pueden complementar con diferentes ofertas de ocio para distintos públicos”.
“Las bolleras alternativas por fin hemos encontrado nuestro sitio”, exclama Silvia Rodríguez, una de las dueñas de El Gallinero, una antigua tasca reconvertida en un pub. Acodadas en la barra, Leire y Ruth se ponen al día con un par de cañas. “Solemos venir mucho porque pinchan buena música, las copas son de calidad, hacen fiestas temáticas y dejan entrar a los perros”, explican. ¿Acabará Lavapiés eclipsando a Chueca? “No lo creemos”, explican. “Tendríamos que derribar los cimientos sociales del barrio, y lo que queremos nosotros es ser una minoría más dentro de esta torre de Babel”.


martes, 2 de octubre de 2012

75 años del sufragio femenino en España

En las Cortes de 1931 muchos temían que la mujer, tachada de "regresiva" y falta de espíritu crítico, pusiera en peligro a la joven República, pero el 1 de octubre, hace 75 años, se aprobó por primera vez en la historia española el artículo constitucional que consagró el derecho al voto femenino.

En esas Cortes sólo había tres mujeres y, paradójicamente, dos de ellas, Clara Campoamor y Victoria Kent, protagonizaron las posturas contrapuestas."No es cuestión de capacidad; es cuestión de oportunidad para la República", sostuvo Kent (Partido Radical Socialista) ante los parlamentarios para defender la necesidad de aplazar el voto femenino.

La mujer "para encariñarse con un ideal, necesita algún tiempo de convivencia con el mismo ideal", advirtió Kent para asegurar que, si todas las españolas fueran obreras o universitarias "y estuvieran liberadas en su conciencia, yo me levantaría hoy frente a toda la Cámara para pedir el voto femenino".

Frente a ella Campoamor, en contra de su propio partido, el Radical, fue la encargada de replicar a su colega para apostar por reconocer a la mujer como ser humano, por "pura ética", todos sus derechos. "Dejad que la mujer se manifieste como es, para conocerla y para juzgarla; respetad su derecho como ser humano", expuso a los diputados.

Aunque en el hemiciclo se enfrentó a sus propios compañeros de partido, venció su tesis y la votación en las Cortes de 1931 ganó el sí por 161 votos frente a 121. Pero la alegría de Campoamor y de quienes apoyaban el sufragio femenino tenía fecha de caducidad.
40 años de espera

El recién adquirido derecho se materializó dos años más tarde, en las elecciones de 1933, cuando las mujeres españolas pudieron acudir a expresarse políticamente en las urnas.
La alegría de Campoamor y de quienes apoyaban el sufragio femenino tenía fecha de caducidad. Sin embargo, apenas tres años después, tras las elecciones del 36, el golpe de estado y la dictadura franquista instaurada en 1939, las ilusiones democráticas se diluyeron no sólo para ellas, sino para todos los españoles.
 
No sería hasta la caída del régimen y con la puesta en marcha del engranaje de la transición política en la década de los 70 cuando, de nuevo, la ilusión del voto femenino volvió a ser una realidad en las elecciones democráticas de 1977.

Fuente: 20 Minutos.

www.movimientocontralaintolerancia.com
www.estebanibarra.com