lunes, 25 de noviembre de 2013

El Gobierno español condecora al ministro del Interior francés que defiende la deportación de gitanos




Malos vientos soplan para la comunidad gitana en toda Europa. La extrema derecha, es decir, los nazis de toda la vida, nos persiguen y nos matan en Hungría, en Grecia, en Eslovaquia, en Chequia… Y algunos Gobiernos inequívocamente democráticos como puedan serlo el italiano, el francés o el del Reino Unido están auspiciando políticas de dura represión colectiva contra quienes, en la inmensa mayoría de los casos, no han cometido más pecado que el de ser gitanos.

En el pasado hemos padecido una durísima represión por parte del Gobierno del ex presidente francés Nicolás Sarkozy. Todo el mundo recuerda su política deportadora de los gitanos rumanos y búlgaros. Política que auspició en su etapa de ministro del interior y que culminó siendo presidente de la República. Quienes siguen la trayectoria de la Unión Romani saben que en el verano de 2010 propiciamos la gran manifestación que congregó en las calles parisinas a decenas de miles de ciudadanos franceses que protestaron claramente contra aquella política abiertamente racista. Nos reconforta recordar que junto a nosotros, en la cabecera de la manifestación, estaban los principales líderes del partido Socialista, entonces en la oposición, junto a destacados miembros del propio partido del señor Sarkozy que reprobaban aquella política dura e inhumana. La reacción del mundo de la política activa y de la cultura se posicionó clara y abiertamente a nuestro lado.

Y Llegó el presidente Holande sorprendiéndonos satisfactoriamente en su campaña electoral. El entonces candidato socialista se opuso a las deportaciones colectivas para defender que debían ser los jueces quienes en procesos individualizados, determinarán si una persona debía ser deportada a su país de origen. Cosa que nosotros siempre hemos dicho y defendido.

Los gitanos y las gitanas que integramos la Unión Romani siempre hemos manifestado que ningún país tiene que soportar en su seno a ciudadanos de otros estados miembro que delincan gravemente o supongan un peligro para la pacífica convivencia entre  todas las personas. Así lo entendió la Eurocámara que instó a a Francia a detener "inmediatamente" las expulsiones de gitanos. La resolución aprobada insiste en el derecho a la libertad de movimiento y residencia de "todos" los ciudadanos de la Unión Europea. Los eurodiputados mostraron su "profunda preocupación" por el uso de una retórica "incendiaria y abiertamente discriminatoria" en los discursos de algunos políticos que pudieran dar "credibilidad a las declaraciones racistas" de grupos ultras.

Los Diputados europeos fueron tajantes al condenar "profundamente" las medidas adoptadas "por las autoridades francesas y de otros Estados miembros contra gitanos y nómadas y orientadas a su expulsión" y advirtieron de que las deportaciones "masivas" están "prohibidas" por la Carta de Derechos Fundamentales --vinculante desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa-- y que "violan las leyes y tratados de la UE".


El ministro del interior francés es un peligro para la pacífica convivencia entre todos los europeos


Que el ministro del interior francés sea un peligro para la pacífica convivencia entre todos los europeos es algo que decimos los gitanos de la Unión Romani con fundamento. Su política represora contra las minorías, y concretamente contra los gitanos, tiene gravísimos antecedentes en la historia de Europa. Su discurso populista en esta materia tiene ejemplos de nefasto recuerdo en la historia reciente del viejo continente. Y cuando se atreve a decir que los campamentos donde malviven los gitanos deben ser desmantelados y expulsados porque generan "mendicidad y delincuencia" está diciendo las mismas cosas que dice la extrema derecha racista y xenófoba claramente identificada en Francia con el Partido de Le Pen. Para Manuel Valls, la solución pasa por la expulsión de Francia ─seguro que a él se le ocurren otras soluciones que no se atreve a decir─ ya que su integración en Francia es difícil porque tienen "costumbres diferentes".

Es imposible decir esas cosas y no echarse uno a temblar. Manuel Valls que sin duda habrá leído La pensée sauvage, de Lévi-Strauss, se ha debido sentir identificado con las sociedades primitivas que fijan las fronteras de la humanidad en los límites del grupo tribal, fuera del cual sólo perciben extranjeros, subhombres sucios y toscos, inclusive nohombres, animales peligrosos, etcétera. Gracias a Dios los ciudadanos franceses no tirarán por la borda el prestigio y el compromiso que para ellos supone ser los padres de la Revolución que hizo posible la instauración en el mundo de los Derechos del Hombre.

El Gobierno español ha decidido condecorar al ministro francés de Interior, Manuel Valls, con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil por los "servicios extraordinarios" prestados en favor de España. Manuel Valls, de origen español, ha manifestado en multitud de ocasiones la adhesión de su departamento a las políticas que en materia de lucha antiterrorista desempeña el Gobierno de Mariano Rajoy. "La agenda de España es la agenda de Francia", ha dicho en varias ocasiones en relación a este asunto.

Nada tenemos que objetar a este respecto. El gobierno de España es muy libre de condecorar a quien quiera, ¡no faltaba más! Tan solo nos lamentamos de que el momento escogido sea precisamente este en el que la opinión pública mundial se ha manifestado contra este personaje que ha sido capaz de sacar de un autobús escolar a una joven gitana de 15 años, que llevaba casi cinco años viviendo en Francia y a la que le faltaban tan solo dos meses para legalizar su situación administrativa y conducirla directamente al infierno que para muchos gitanos y gitanas supone la vida en Kosovo.

Juan de Dios Ramírez-Heredia
Abogado y periodista
Presidente de la Unión Romani Española
Vicepresidente de Unión Romani Internacional

miércoles, 13 de noviembre de 2013

16 de Noviembre - Día Internacional para La Tolerancia

El 12 de diciembre de 1996, la Asamblea General invitó a los Estados Miembros a que el 16 de noviembre de cada año observaran el Día Internacional para la Tolerancia con actividades dirigidas tanto a los centros de enseñanza como al público en general.

Os pasamos el Manifiesto Escolar por la Tolerancia, para que lo leamos, firmemos y difundamos.
Por Nosotr@s,
por Vosotr@s,
por Ell@s, 
Por Tod@s....

Por el Respeto, Aceptación y Aprecio de la rica Diversidad de las Culturas de Nuestro Mundo



MANIFIESTO  ESCOLAR  POR  LA  TOLERANCIA


Nosotras y nosotros, estudiantes y profesores,  preocupados por la persistencia de actitudes,  expresiones y comportamientos que violan o denigran la dignidad y derechos de las personas;

Preocupados por la  existencia de prejuicios, que encubren en el fondo un profundo desconocimiento  hacia el prójimo, para justificar así la fobia al diferente, su discriminación o su exclusión, cuando no otras formas de intolerancia criminal;

Preocupados por el desarrollo de ideologías totalitarias, populismos xenófobos, nacionalismos agresivos, integrismos religiosos y otras manifestaciones contrarias a los valores democráticos;

Alarmados por la intensificación de actos de intolerancia hacia colectivos vulnerables como los inmigrantes, gitanos y las diversas minorías étnicas, culturales y sociales que se producen en muchos países,

Alarmados en general, por el crecimiento de las manifestaciones de xenofobia, racismo, islamofobia, antisemitismo, homofobia y otras formas de intolerancia que siempre van  ligadas  a manifestaciones de odio, de discriminación y  de  violencia;

Defendemos la convivencia basada en el principio ético universal de la Tolerancia que consiste en el respeto, aceptación y aprecio de la diversidad de nuestro mundo y significa la supremacía del valor de la persona, de su dignidad y de sus identidades, e implica consideración y respeto a sus opiniones, creencias o cultura aunque no se compartan;

Afirmamos que la Tolerancia nunca debe ser entendida como  indiferencia, resignación,  ó condescendencia y que tampoco tiene sentido interpretarla como debilidad de las convicciones propias o en sustitución de derechos inalienables del ser humano. Y por el contrario, debemos interpretarla como una virtud individual, pública y social que  requiere a su vez, intransigencia con la violencia, con el fanatismo en las ideas y con la conculcación de la  universalidad de los derechos humanos.

En consecuencia, ante la realidad  del mundo actual en el que se padece odio,  discriminación y persecución por razón de ideología, religión  o creencias, por pertenecer a una etnia, nación, sexo u orientación sexual, por discapacidad, situación familiar ó enfermedad...;

Nos adherimos a los principios de Tolerancia y Solidaridad, Libertad e Igualdad, y justicia, pluralismo, diálogo, respeto y entendimiento a todos los niveles de la sociedad, que favorezcan una convivencia en paz y democracia;

Nos comprometemos  a implicarnos cotidianamente en actuar por erradicar todas las formas de intolerancia y sus manifestaciones, invitando a la ciudadanía a este compromiso, a  mantener la solidaridad  con las víctimas del odio y la discriminación, y  a educar a  las actuales generaciones en la ética de la Tolerancia.



 www.movimientocontralaintolerancia.com

lunes, 21 de octubre de 2013

Madres de ningún país

Libano

La libanesa Samira Souweida rompió a llorar el día en que las autoridades de su país le informaron de que podían deportar a sus dos hijos por haberse retrasado en el pago para renovar sus permisos de residencia. Yousra, beirutí, paga 2.000 dólares al año por el colegio de su hijo menor, de padre jordano y sin derecho a las ayudas estatales para alumnos libaneses. Las dos hijas de Ghada Kaakani consiguieron la nacionalidad libanesa, la de su madre, tras casarse con ciudadanos del país, sus hijos, en cambio, siguen siendo refugiados palestinos. La lista de casos similares sigue. Ellas son libanesas, sus hijos, no, aunque no conozcan otro país. En Líbano, las mujeres que se casan con un extranjero están destinadas a parir una prole de inmigrantes, en el mejor de los casos, y de apátridas, en el peor.
La Ley de Nacionalidad libanesa prohíbe a las mujeres pasar su propia nacionalidad a sus hijos o a sus maridos, ya que solo reconoce los vínculos de sangre en el caso del padre. Es uno de los casos más flagrantes de discriminación de la mujer en un país que se jacta de haber avanzado más que sus vecinos en materia de igualdad. La escritora y feminista Joumana Haddad considera que esta situación ha provocado una "definitiva alienación entre las mujeres libanesas y la política". "En Líbano, donde algunas mujeres están tan orgullosas porque se les permite conducir coches, se sienten totalmente emancipadas porque pueden llevar minifalda, y miran por encima del hombro a sus equivalentes saudíes porque pueden pasear sin un guardián masculino, las mujeres continúan siendo discriminadas legalmente y en la práctica", escribe, haciendo hincapié en que "las mujeres libanesas aún están incapacitadas para pasar la nacionalidad a sus maridos e hijos".

Para activistas como Lina Abou Habib, representante del colectivo de derechos civiles CRTD-A y cabeza de la campaña "Mi nacionalidad es un derecho para mi y para mi familia", el Estado, simplemente, trata a las mujeres como ciudadanas de segunda. La absurda argumentación por la que el Gobierno se niega a cambiar la ley no es menos discriminatoria: peligra el Estado y peligra el equilibrio sectario, esto es, si el Gobierno reconociese a los hijos y maridos extranjeros de mujeres libanesas como nacionales, acabaría por haber más musulmanes que cristianos en un país donde todas las instituciones públicas, desde el Gobierno y el Parlamento, hasta el Ejército, pasando por las escuelas, tienen cuotas religiosas para garantizar la representación de las 18 comunidades reconocidas constitucionalmente. Esa amenaza, al parecer, no se da en el caso de los hombres.
NationalityY eso que los números apuntan lo contrario. Los datos proporcionados por el propio Gobierno hablan de unos 76.000 matrimonios mixtos de mujeres libanesas con foráneos. Unas 16.800 están casadas con palestinos (cuya nacionalización pretende evitar el Gobierno a toda costa), frente a 15.596 libaneses casados con mujeres palestinas. La diferencia no llega a 1.300 personas, un volumen suficiente, o eso parece, para negar a las mujeres la igualdad de derechos con respecto a los varones.
Las cifras aportadas por Naciones Unidas ofrecen una perspectiva más afinada del problema: solo el 12,5% de los matrimonios mixtos son cristianos, frente a un 87,5% musulmanes (en su mayoría suní). Carente de un censo poblacional desde 1932, Líbano basa su equilibrio sectario en unos porcentajes estimados de un 30% de población cristiana, suní y chií, las tres mayoritarias, además de otras minorías como la drusa. Pese a la inexistencia de datos fiables actualizados, esa distribución es más una ensoñación que una realidad, especialmente después de quince años de guerra civil que condenó a una inmensa parte de población cristiana a la diáspora.
"Todo lo que se dice sobre nacionalización (de los palestinos) y equilibrio demográfico es simplemente retórica política y un intento de subrepresentar la realidad", opinaba el juez John Azzi tras saber que su histórica sentencia en favor de una libanesa viuda de un egipcio había sido revocada. "No están en contra de la nacionalización, más bien están en contra de las mujeres y las ven como legalmente inferiores. Es chovinismo machista". Azzi fue expulsado en 2009 como presidente del Tribunal de Primera Instancia de Metn tras fallar favorablemente sobre la concesión de la nacionalidad libanesa a los dos hijos de Samira Souweida. Solo dos días después, la sentencia fue anulada.
Un informe de la Universidad Americana de Beirut elaborado por las investigadoras de Derechos Humanos Maya W. Mansour y Sara G. Abu Aad destaca las incongruencias legales derivadas de una ley que el Gobierno ha rechazado cambiar o abolir en varias ocasiones, utilizando parches como la ampliación del permiso de residencia para maridos e hijos de libanesas a tres años, la reducción de las tasas o la garantía del permiso de trabajo (no aplicable a los palestinos). "(La ley) garantiza a los hijos ilegítimos más derechos que a los legítimos, en tanto en cuanto permite a una madre libanesa pasar a sus hijos su nacionalidad si no son legítimos. En algunos casos, madres libanesas han argumentado que sus hijos legítimos eran bastardos para poder otorgarles su nacionalidad", subraya el análisis. Más allá, puntualiza, "la ley libanesa otorga a las mujeres extranjeras más ventajas que a las mujeres libanesas".
Pero, ¿cuáles son las consecuencias prácticas de ejercer esta "ciudadanía de segunda"? Los maridos e hijos extranjeros de mujeres libanesas tienen restricciones a la hora de heredar y se ven obligados a pagar por la educación y la asistencia sanitaria en un país en el que ninguna de las dos cosas son precisamente baratas. Eso sin hablar del papeleo, como es el caso de las mujeres casadas con hombres sirios: desde que estalló el conflicto en el país vecino, renovar el pasaporte de un hijo sirio puede suponer jugarse la vida.
El último mazazo a las reivindicaciones de activistas y asociaciones en defensa de los derechos de la mujer ha sido la paralización de la política libanesa. El último año ha visto la caída en bloque del Gobierno, la suspensión (por primera vez desde su Independencia) de unas elecciones parlamentarias y la coexistencia de un primer ministro en funciones y otro designado con la función de formar un nuevo Ejecutivo. Los proyectos de reforma de la ley se han convertido en poco más que papeles y promesas almacenados en algún cajón. Mientras, como protesta Ghada Kaakani, madre de dos palestinos, las mujeres libanesas de segunda seguirán pariendo "refugiados en su propio país".

martes, 1 de octubre de 2013

Los gitanos deportados de Alemania

Miles de personas de etnia gitana son deportadas por el gobierno alemán cada año a países de la antigua Yugoslavia. Muchos de ellos son jóvenes que han nacido y crecido en el país germano y no conocen la lengua local
Las ONG advierten que en Kosovo viven en un ambiente de violencia y son discriminados por el resto de la sociedad en todos los ámbitos.


“Eran las seis de la mañana. Yo había vuelto tarde esa noche porque había estado trabajando en el estudio. Unos 16 policías se presentaron en casa preguntando por mí y por mi hermano y nos obligaron a irnos con ellos sin decir en ningún momento por qué. A los dos días estábamos en Kosovo”. Eso ocurrió el 15 de marzo de 2010, y desde entonces la pesadilla de Selami Prizreni y su hermano Kefaet no ha terminado. Aquel día cambiaron su cómoda vida en Essen, al oeste de Alemania, por la pelea diaria de sobrevivir lejos de su familia, en un país empobrecido, sin oportunidades de trabajo ni de futuro, del que no conocen la lengua y en el que las personas de etnia gitana están totalmente discriminadas por la sociedad. Se trata de una historia especialmente cruel porque un juez ya ha decretado que su deportación fue ilegal, pero no pueden volver hasta que los trámites burocráticos estén resueltos.
El de los hermanos Prizreni es tan solo uno de los miles de casos de ciudadanos de origen balcánico forzados a abandonar Alemania tras haber llegado al país escapando del horror de las múltiples guerras en la vieja Yugoslavia. “Sabemos que de las expulsiones de los últimos dos años a Serbia y Kosovo la mayoría han sido gitanos, y estas han sido mucho más numerosas que los años anteriores, sobre 3.000”, explica Eva Weber, de la asociación Forschungsgesellschaft Flucht und Migration (FFM), que se dedica a investigar la situación de los refugiados y migrantes en los países que se encuentran alrededor de la Unión Europea. Weber matiza que conseguir cifras oficiales sobre el número real es imposible porque en las estadísticas solo se incluyen las deportaciones directas: “Existen muchos más retornos voluntarios, como los llaman, pero que en realidad no hay gran diferencia con las deportaciones”.
Una de las razones del incremento de los últimos años fue la firma en 2010, por parte de los gobiernos de Alemania y Kosovo, de un “Rückübernahmeabkommen” (acuerdo de retorno). Según cifras de la ONG germana ProAsyl, con esa rúbrica 10.000 kosovares de etnia gitana residentes en Alemania tendrán que afrontar de forma voluntaria o forzosa el regreso a su país de origen. El hecho de que se haya nacido o crecido dentro de sus fronteras no tiene la menor relevancia.
Kefaet tenía cuatro años cuando llegó a Alemania. Selami directamente nació en Europa, como él repite una y otra vez a través del teléfono. En el momento de la llamada se encuentran viviendo en Subotica, una ciudad del norte de Serbia. Los hermanos, que hoy tienen 29 y 24 años, duermen en el sofá de la casa de un amigo que hace hip-hop con ellos. “Pero no nos podemos quedar más tiempo. Aquí no hay trabajo, nadie en la casa trabaja y somos dos bocas más que alimentar para la madre de nuestro amigo”. Antes de ser deportados, los hermanos estaban desarrollando una carrera como raperos que se vio truncada de la noche a la mañana, pero que les sirve de ayuda para sobrevivir lejos de Alemania.
Ya han pasado más de tres años desde que llegaron a Kosovo, pero Selami todavía recuerda a la perfección cómo fue su expulsión. “Las autoridades públicas de nos dieron 50 euros para comida y alquiler, y nos dejaron allí. Era un nuevo mundo, no conocíamos a nadie. Estábamos solos y teníamos mil preguntas”. La primera noche la pasaron en casa de su tío. Pero solo una. “Nos plantamos en su casa con las maletas y él nos dijo yo quiero a vuestra madre pero vosotros sois como extraños para mí, y así os voy a tratar. Podéis dormir una noche aquí. Después os tendréis que buscar otra cosa”. Y así llevan desde entonces, sin un hogar en el que poder asentarse. Han pasado por Kosovo, Croacia y Serbia, sin saber qué va a ser de ellos al día siguiente. “Es cuestión de sobrevivir día tras día. Nunca sabes dónde vas a dormir al día siguiente o qué vas a comer. A lo mejor es que ni comes durante los próximos dos o cinco días. Tampoco tenemos cigarrillos ni la posibilidad de ducharnos. Por ejemplo ahora llevo sin ducharme una semana, lo que no va para nada conmigo”.

Discriminación muy extendida
El gobierno alemán no detalla la etnia de las personas deportadas. No lo hace porque no se trata de una cuestión racial, por lo que aseguran que sería discriminatorio detallar este tipo de cuestiones. Sin embargo, la diferencia de que el deportado a Kosovo sea o no gitano sí es muy grande.
“La discriminación contra personas de etnia gitana está muy extendida en el país. Llega a todos los ámbitos: en la escuela, a la hora de encontrar un trabajo, en el acceso a los servicios sociales…”. Marie von Moellendorf, de Amnistía Internacional, desgrana las injusticias que sufren día a día personas como Selami o Kefaet. En 2010, la ONG multinacional publicó un informe en el que documentaba el ambiente de violencia y desprotección al que está expuesta esta minoría. Y también resaltaba su casi total imposibilidad de acceder a un empleo puesto que las cifras de las que se hacía eco elevaban la tasa de paro hasta el 97%. “La situación hoy es prácticamente la misma que entonces, muy poco se ha avanzado”, confiesa.
El gabinete de Angela Merkel justifica las miles de deportaciones en el hecho de que hay en marcha un proyecto para garantizar la integración de los retornados, conocido como “URA 2”. Sin embargo, desde AI se niega que el joven país esté preparado ello. “No existe ningún apoyo político en el país. Un motivo es que todavía está muy extendido el prejuicio de que los kosovares de etnia gitana estuvieron del lado de los serbios durante la guerra”, añade von Maellendorf. Y remata: “Es necesario que haya una mayor presión internacional para que su situación comience a mejorar”.
Estado de “tolerancia”
Conseguir la nacionalidad alemana y, por tanto, desterrar cualquier miedo de ser deportado es tarea casi imposible. Bien lo sabe el fotógrafo Nino Nihad Pušija, quien llegó a Alemania hace 21 años, también tras escapar de las bombas de su país natal, Bosnia. Él logró ser aceptado como refugiado político, lo que le permitió abandonar el estado de “duldung” (tolerancia), una categoría administrativa que poseen muchos de las balcánicos que llegaron a Alemania en los ochenta y noventa. En la práctica es una suspensión temporal de deportación porque el gobierno considera que retornar a tu país es peligroso. Así pues, una vez las autoridades cambien de parecer pueden echarte en cualquier momento.
Pušija ha dedicado parte de su trabajo a documentar los refugiados balcánicos que viven bajo esa condición. Fruto de ello es el libro “Duldung Deluxe”, del que se han extraído las fotografías de este reportaje. “’Duldung’ es un estado permanente de sufrimiento. No hay ley que decida cuándo te van a deportar, cómo o por qué. Simplemente depende de un agente de inmigración, por lo que basta que el hombre haya tenido una mala noche o que no seas lo suficientemente educado con él para que decida que debes ser deportado”. ¿Y cuántas personas viven bajo esta condición en Alemania? “La mayoría de gente ‘tolerada’ procedente de los países balcánicos son de etnia gitana”, responde Eva Weber, de la asociación FFM. “Hace tres años había sobre 13.000 personas. Hoy estimamos que han de ser entre unos 8.000 y 9.000”.
La arbitrariedad de las autoridades no es la única amenaza que afrontan los “tolerados”. “Estas personas tienen un límite de 60 kilómetros para moverse. Si la policía te coge yendo a otra ciudad puedes ser castigado o deportado. Yo conozco a gente que fue detenida al ir a la boda de un familiar que se celebraba en otra localidad”, relata el fotógrafo bosnio. Y él no cree que esto fuera una simple casualidad: “Las bodas son un lugar que la policía utiliza para pedir los papeles en caso de que la gente esté infringiendo su límite de movimiento”.
La familia Shala no pudo escapar de ese destino. Los cinco miembros de la familia fueron deportados a Kosovo en 2010. El fotógrafo bosnio recuerda que no había motivo alguno para su expulsión: “El padre trabajaba en McDonald’s, el hijo mayor era mecánico, la madre tenía problemas psicológicos y el hijo de 16 años sufría diabetes”. El mismo destino corrió en 2009 Elvira Ganshi, de 24 años. Ella cuenta en el libro de Pušija que no recibió ninguna notificación previa, que la policía simplemente irrumpió en su casa a las dos de la mañana con la noticia de que iba a ser deportada. En Kosovo, asegura, tuvo que vivir en el bosque con sus hijos porque no tenía otro lugar al que ir. “Al final encontré un techo en una casa quemada. A menudo no tenía nada para comer y beber”. No obstante, un año después, en 2010, pudo volver a Alemania con un “Betretenserlaubnis” (permiso de entrada provisional). “No quiero volver allí y tener que vivir así. Antes me suicidio”, remata Elvira.
Selami y Kefaet residían en Alemania bajo otro estado. “Nosotros teníamos un ‘Fiktionsbescheinigung’ (una traducción aproximada sería ‘certificado de ficción’), que es mejor que ‘Duldung’ porque te permite trabajar”, explica el más pequeño de los dos, Selami. “Aunque eso no nos evitó que nos expulsaran de Alemania”. A pesar de todo, los hermanos Prizreni son unos afortunados. Un tribunal alemán dictó que su deportación había sido ilegal por lo que, cuando el proceso burocrático esté resuelto, podrán volver a territorio germano. “Nuestra madre tiene que recibir una respuesta dentro de seis semanas. Fue todo tan injusto. Yo nací allí y tengo trabajo esperándome. Y además no hemos de pagar los costes de vuelta ya que nuestro proceso fue ilegal”, remata.
Sus vidas de supervivencia día tras día, de improvisar lugares donde pasar la noche o ducharse, parece que acabaran pronto. Además, gracias a su carrera musical, ellos están confiados de que trabajo no les va a faltar en la Unión Europea. Desgraciadamente ese no es el final de la historia de muchos otros gitanos deportados. En primer lugar porque para poder volver a Alemania tienen que pagar los gastos de la deportación previa, que pueden ascender a unos 6.000 euros. Y aun así, una vez en Alemania, la vida tampoco es de color de rosa.
Amaro Drom, una asociación internacional que lucha por la integración y el reconocimiento de la cultura gitana, así lo alerta. En su sede de Berlín trabajan, sobre todo, con inmigrantes procedentes de Rumanía y Bulgaria, es decir, ciudadanos de la Unión Europea sin ningún tipo de problema de visado o pasaporte. Sin embargo, según explica el equipo de comunicación de la organización, en Alemania también tienen que hacer frente a un alto grado de racismo. “Se refleja sobre todo a la hora de trabajar. En teoría tienen los mismos derechos que el resto de ciudadanos, pero en la práctica se encuentran muchas trabas burocráticas. Esto facilita que sobre todo en la construcción se aprovechen de su situación, les exploten y les paguen mucho menos de lo que deberían”.

martes, 3 de septiembre de 2013

Memoria de las victimas del Porrajmos (Samudaripen), el holocausto gitano de los nazis





En la noche del  2 al 3 de agosto de 1944 morían asesinados, en las cámaras de gas del campo de concentración de Auschwitz II-Birkenau, 2.897 hombres, mujeres y niños gitanos, bajo órdenes del comandante en jefe de la SS, Heinrich Himmler. Los gitanos eran uno de los pueblos objetivo de exterminio del régimen nazi. Por ello, diversas voces en  Naciones Unidas y de la sociedad civil, eligieron el 2 de Agosto como fecha de recuerdo y homenaje a las víctimas gitanas de la barbarie nazi. En numerosas ciudades del mundo se celebran actos de homenaje y duelo.

Decía Elie Wiesel, superviviente de Auschwitz y premio Nóbel de la Paz, que “sin Memoria, el ser humano entra en una soledad de silencio e indiferencia; quién no recuerda pierde su humanidad”. Bastante de todo ello es cierto y así ha sucedido en el caso del exterminio gitano realiza¬do por el nazismo, cuyo reconocimiento no se ha hecho efectivo prácticamente hasta nuestros días.


Si bien los gitanos han sufrido duras persecuciones a lo largo de la historia, la más cruel y menos conocida tuvo lugar durante el periodo de barbarie nazi en Europa. El genocidio gitano del nazismo (Porrajmos/ Samudaripen), asesinó a más de tres cuartas partes de la población gitana (romá),  más de ochocientas mil personas, la mayoría en los campos de concentración y de exterminio. La relativa cercanía de este trágico y sobre-cogedor episodio de la humanidad permite contar con abundante documentación de todo tipo sobre el horror, pese a la destrucción de pruebas llevada a cabo por sus responsables y pese a la labor de los falsificado¬res de la historia que promueven las denominadas “tesis revisionistas”.



Al comienzo del régimen nazi los gitanos fueron clasificados como un grupo peligroso, “racialmente criminal”, pero tenían un problema: cómo perseguir a una comunidad que representaba para ellos valores tan negativos y que al mismo tiempo eran parte de la “superraza aria”. En 1934, un año después de alcanzar Hitler el poder, fueron seleccionados para campañas de esterilización por inyección o castración para impedir una descendencia “racialmente” enferma. Un año después quedaron sujetos a las leyes raciales de Nuremberg y les fueron retirados los derechos de ciudadanía, y en junio de 1938 se instauró la “semana de la limpieza gitana” siendo perseguidos al igual que los judíos, deportándoles a campos de concentración. Finalmente los nazis encontraron una justificación para exterminar a los gitanos, admitiendo que aunque mantenían ciertos rasgos de origen nórdico plantearon que descendían de las clases más bajas de esa región y que durante las migraciones se habían mezclado con poblaciones cercanas convirtiéndose en una raza oriental asiática con rasgos indios y europeos. Su estilo de vida nómada sería resultado de esta mezcla racial de naturaleza “criminal”.

Con esta explicación, los nazis sólo necesitaban determinar quiénes eran gitanos puros, es decir arios, y quiénes no. Los nazis concluyeron que el 90% de los gitanos eran mestizos y por lo tanto peligrosos para el régimen. Después de justificar la persecución de la casi totalidad de los gitanos sólo debían decidir qué hacer con el 10% restante que era puro. El gobierno nazi nombró a nueve representantes gitanos para que elaborasen una lista de gitanos puros que debían salvarse de la masacre por su pertenencia a grupos supuestamente arios. Sin embargo la mayoría del régimen nazi quería que todos los gitanos fuesen exterminados y esa distinción entre gitanos puros y mestizos en los campos de exterminio nunca se produjo, por lo que prácticamente todos los que fueron encerrados, murieron.


En enero de 1940 tuvo lugar la primera matanza del holocausto gitano (Porrajmos/ Samudaripen): en el campo de concentración de Buchenwald 250 niños son utilizados en diversos experimentos “científicos” causándoles la muerte. Las masacres, a partir de este momento, se suceden tanto en Alemania como en el resto de territorios ocupados. A finales de 1940 Hitler dio la orden de matar a todos los gitanos de la Unión Soviética y el año siguiente, Heydrich, ordenó la muerte de todos los judíos, gitanos y minusválidos psíquicos. Una de las jornadas más sangrientas fue la del 1 de agosto de 1944. Más de 4.000 gitanos, sobre todo ancianos, mujeres y niños, frieron asesinados en las cámaras de gas de Auschwitz en una sola noche, que se recuerda como la “Zigeunernacht” (Noche de los Gitanos). El exterminio de gitanos de Polonia, Austria, Alemania, Holanda, Bélgica y de otros países, continuó hasta el final de la 2~ Guerra Mundial, salvándose poco más de un 20% de la población gitana que residía en Europa. Con judíos y gitanos murieron homosexuales, discapacitados físicos y psíquicos, Testigos de Jehová, presos políticos y muchas otras víctimas de la locura racista.

El reconocimiento del genocidio gitano ha sido débil, tardío y excluyente de los programas de restitución que se pusieron en marcha en la posguerra. Cuando hoy rebrotan los ataques racistas hacia los gitanos en muchos países europeos, cuando vemos emerger grupos y partidos neo-nazis con las mismas consignas del pasado, cuando observamos como la intolerancia criminal se pasea arrogante y amenazante contra la vida, la dignidad y la libertad de todos, solo la memoria puede permitirnos, ade¬más de hacer justicia, salvarnos de la reaparición de la bestia parda.

Mientras tanto, mientras caminamos por la difícil senda de la solidaridad aplicada rescatemos el pensamiento de Elie Wiesel, premio Nóbel de la Paz, superviviente de Auschwitz, en su reivindicación a la memoria de las víctimas, quien decía:

«...Estábamos convencidos de que después de Auschwitz, los pueblos no cederían al fanatismo, las naciones no sostendrían más guerras y que el racismo, el antisemitismo y la humillación social serían barridas para siempre.

No podíamos imaginar que en el curso de nuestras vidas seríamos testigos de más guerras, de nuevas hostilidades raciales y que el nazismo despertaría en los cinco continentes.
Pero hemos aprendido ciertas lecciones. Hemos aprendido a no ser neutrales en tiempos de crisis, porque la neutralidad siempre ayuda al agresor, no a la víctima.

Hemos aprendido que el silencio no es nunca la respuesta. Hemos aprendido que lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia.Y ¿qué es la memoria sino la respuesta a la y contra la indiferencia

Por lo tanto permítasenos recordar por la seguridad de todos. La memoria puede ser nuestra única respuesta, nuestra única esperanza de salvar al mundo del castigo final...»    Y yo añado,permítasenos recordar a todas las víctimas del odio, por la vida que les fue arrebatada y no podrán disfrutar.

Permítasenos recordar a todas las víctimas de la intolerancia porque aquel día de su tragedia no murieron solos, algo de todos nosotros murió con ellos.

Esteban Ibarra
Presidente Movimiento contra la Intolerancia



Fin de Memoria de las victimas del Porrajmos (Samudaripen), el holocausto gitano de los nazis

lunes, 22 de julio de 2013

22 de Julio - Día de Acción Europea contra los Crímenes de Odio



En memoria de las víctimas de la matanza terrorista de Utoya y Oslo
22 de Julio

Día de Acción Europea contra los Crímenes de Odio


Se cumplen dos años de la mayor matanza  que ha vivido Noruega desde la II Guerra Mundial, realizado por un neofascista que acabó con la vida de 76 personas, en su mayoría jóvenes  laboristas, a los que asesinó por defender una Europa multicultural. El innombrable asesino era  un terrorista alimentado por su ideología  racista, islamófoba y de extrema intolerancia, ideología compartida por una ultraderecha que está empeñada en destruir la democracia, la igualdad, la tolerancia y la convivencia intercultural, liquidando todas las conquistas planetarias en materia de derechos humanos.
Esta tragedia de terrorismo de odio desgraciadamente ha ido acompañada de otros crímenes que  han conmocionado a la ciudadanía de bien en la Unión Europea. La aparición de la asesina célula neonazi  en Alemania, los crímenes racistas contra inmigrantes en Italia, la persecución inhumana y criminal de gitanos en diferentes países del continente, los ataques a judíos, a musulmanes y sus lugares de culto, las agresiones a homosexuales y los ataques a personas y organizaciones negando su diversidad, y los intentos de matanzas similares en París y Mallorca, configuran un panorama inquietante en toda Europa.
Es fundamental no olvidar y recordar a las víctimas de los crímenes de odio.  Vivimos tiempos de olvido, donde resulta imprescindible y radicalmente  necesario mantener la memoria del las víctimas y el compromiso solidario, el reforzamiento democrático frente al odio y de lucha para avanzar en todos los ámbitos frente a las lacras del racismo, la xenofobia y la intolerancia que vuelven a estar amenazadoramente presentes en nuestro continente.  Esto es objetivamente ineludible.
Para recorrer  en este camino en defensa de la dignidad humana, de los valores democráticos y de los derechos humanos, resulta necesario que nuestras instituciones avancen, promuevan e instituyan el Día Europeo en Memoria de las Víctimas de Crímenes de Odio, que mantenga vivo el compromiso de solidaridad con quienes más  sufren e inviten a toda la ciudadanía a un ejercicio democrático de movilización en defensa de la víctima de odio. Entendemos que en memoria a tanto sufrimiento, el día 22 de Julio nos recuerda directamente a las víctimas en Oslo y Utoya, y a su vez nos permite referenciar una permanente llamada a la Justicia que emerge de este dolor compartido frente a los crímenes de odio. Propuesta que trasladamos al Parlamento Europeo para su aprobación.
El Consejo de Europa y el “No Hate Speech Movement” han declarado Día de Acción Europea contra los Crímenes de Odio. Invitamos a la ciudadanía europea, a su sociedad civil, a  las entidades e instituciones a apoyar esta iniciativa, a trasladarlo al Parlamento Europeo y al resto de poderes públicos, a sumarse a las acciones que se desplieguen en este sentido.
En Oslo, Madrid, Roma, París, Varsovia, Berlín….          22 de julio de 2013


Organizaciones que apoyan la iniciativa
En Europa
Movimiento contra Intolerancia
CEJI, una contribución judía a un mundo inclusivo
ERRC, European Roma Rights Centre
INACH, Red Internacional contra el odio cibernético
Fundación Magenta, Países Bajos
ILGA Europa
ENAR, Red Europea contra el Racismo
Autoridades Norvegian
Partido del Trabajo Noruego - sección de jóvenes

En España
Movimiento contra la Intolerancia      
Red Europea contra los Crímenes de Odio
Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica 
Partido Socialista de Madrid (PSOE)
Izquierda Unida
Unión Sindical de Madrid de CC.OO.
Unión General de Trabajadores (UGT)
Fundación Violeta Friedmann
Asociación de Víctimas de la Violencia Fascista, Racista y Homófoba
Acción Popular contra la Impunidad     
Plataforma Ciudadana contra la Islamofobia
Federación de Agrupaciones Islámicas por la Convivencia en España (FAICE)  
Centro Cultural Islámico de Valencia.
Federación de Musulmanes en España
Instituto Halal
Junta Islámica
Unión de Mujeres Musulmanas
Voluntariado de Madres Dominicanas. 
Asociación Rumiñahui de Ecuador.
Asociación de Refugiados e Inmigrantes Peruanos en España (ARI-Peru)
Asociación cultural colombiana ACULCO.
 Confederación  de Asociaciones Iberoamericanas.
Federación de Entidades Latinoamericanas (FEDELATINA)
Centro Panafricano   y   Revista Wanafrica
Asociación Pro Inmigrantes de Córdoba - Acoge
Asociación Iberoamericana para la Cooperación el Desarrollo y los Derechos Humanos
Unión Romaní    
Fundación Secretariado Gitano
Asociación de Mujeres Gitanas Alborea
Plataforma de Iniciativas Gitanas Madrid
Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales     
Fundación Triangulo                  
Colectivo Gay de Madrid (COGAM)
Red Cívica contra el Antisemitismo    
Comunidad Judía de Madrid
Consejo de la Juventud de Navarra.
Consejo de la Juventud de León
Foro Social de Madrid
Asociación Unificada de Militares Españoles  (AUME)
Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid

EQUO

viernes, 19 de julio de 2013

Concha Carretero, desobediente: “No pasarán. Y si pasan, ¡con no hablarles!”

Su padre, anarquista, atentó contra Alfonso XIII. Ella compartió celda en Ventas con las 13 rosas. Y uno de sus 10 bisnietos, también anarquista, lucha en el 15M. Concha Carretero, 95 años, pelea desde joven por reivindicar la memoria de los que sufrieron la posguerra. Su familia fue un ejemplo. Sus dos hermanos ya muertos y ella llegaron a acumular 35 años de cárceles, penales y encierros cautelares.
Hace 30 años que vive en la misma casa de San Blas, un barrio obrero de Madrid. Y más de 10 (tras enviudar) que vive con Verónica, la mujer cubana que cuida de ella. Apenas sale de casa si no es para asistir a un mítin del PC, a los que le lleva Javier (“le quiero más que a mi vida”), un compañero de partido que tira de la silla de ruedas. La guarda en el pasillo y le tiene manía, porque le recuerda que ya no es como antes. Aún así, se levanta y despacio anda sola hacia el pasillo para traernos unas fotografías.

1. La conciencia política me viene de servir en casas de ricos

“Nací en Barcelona porque mi padre intentó matar a Alfonso XIII. Ayudó a Mateo Morral, el anarquista que tiró la bomba bajo el ramo de flores y luego, en prisión, apareció ahorcado”. El atentado fue durante la boda real –1906– y Concha Carretero nació en 1918. ¿Tantos años buscándole? “Apareció en una lista y se escondió con mi madre en Barcelona. Allí nací yo. Pero toda mi familia es de Madrid, Segovia y La Granja”.
Y es que la familia del padre de Concha servía al rey. “Mi abuelo era del cuerpo de alabarderos, la escolta real. Toda la familia servía en el palacio de La Granja. Mi abuela planchaba las camisas de Alfonso XIII, mi tía fue la doncella de la infanta Isabel y mi padre, el jardinero mayor. Pero dejó el puesto cuando se hizo amigo de unos anarquistas que cerraban los bares, ‘los frescos de Madrid’ les decían. Y mi padre, el que tenía más cara”.
Dice que de él heredo su buen humor. Y sus historias, que rondaban su casa una vez muerto y que luego ella contó a sus compañeras de celda para animarlas. “Mi padre murió en la calle, solo, cuando yo tenía 6 años, mi hermano Pepe 9 y Luis 15 meses. Se dio a la bebida cuando se dio a la política. Por eso tuvimos que trabajar. Yo empecé en el colegio, sirviendo a la maestra. Fregaba los suelos, le hacía recados y ella me pagaba con dos reales, que me daban para un pan de cuatro bolas y dos onzas de chocolate que repartía con mi hermano”. Por falta de pago, les quisieron echar de casa, y ella hizo de nuevo la Primera Comunión para sortear el desahucio. “Lo hice para ganarme a las catequistas. Vi que a una niña le habían ayudado. Y así fue. Nos pagaron 6 meses de alquiler y vales para Manolo, el tendero”.
Pero el respiro duró poco. Su madre, portera, se cayó por el hueco del ascensor y Concha comenzó a ayudarla. También fue aprendiz en una camisería, churrera, enfermera, criada… “La conciencia política me viene al sentir que nuestra vida no era como la de las demás. Yo servía en casa de unos asturianos. Tenían de todo en la despensa, los niños iban de bordado, y en mi casa no podíamos ni estudiar. Ahí empecé yo a pensar que había que hacer algo”. Y así, escapándose a los 14 una tarde al Metropolitano, un chico le sacó a bailar. Y le acompañó a casa. Así otra tarde hasta que: ‘¿Cómo ves esto?’, le preguntó él. ‘Veo una injusticia social muy grande’, dijo ella. ‘Sirvo en casas donde hay de todo y luego llego a mi casa donde no hay de nada. ¡Habrá que hacer algo!’ Pero ese algo ya lo estaba haciendo su hermano mayor en casa, con una asociación cultural, Los Matutanes. “Tocábamos rondallas y hacíamos obras de teatro. La recaudación se la dábamos a quien tuviera problemas económicos. En el registro éramos la asociación Salud y Cultura. Nos reíamos. ¡Salud mucha, pero cultura, poca! Y cuando nos reuníamos, la policía controlaba. Hasta que veía el baile y la cosa cultural no nos dejaba en paz. Entonces poníamos en el portal a uno de guardia y mi hermano soltaba su charla política. ‘El mítin relámpago’ lo llamábamos”.

“Una de las obras que más hicimos fue Las doce en punto, el sainete de Carlos Arniches. Yo era la protagonista, Concha Catalá. Aún me la sé de memoria. Quisieron llevarme de gira y todo, pero mi hermano no me dejó salir por los pueblos. ‘Quien quería subir tenía que pasar por la piedra’, me decía. ‘Prefiero tenerte así como eres y no perderte”.
2. Recordar es volver a vivir
“Lo de la memoria histórica debió ser antes, con la Transición. Estaba todo fresquito. Ahora es tarde, sólo quedamos la tralla, dice, los que no valemos pa’ na. Con la cabeza que no rige como es debido…”. Pero ella sabe que en su caso no es verdad. Es una narradora nata con una memoria prodigiosa: suelta detalles relevantes de días marcados, la dirección exacta de los sitios, las personas, quién dio a quién qué. De cosas que ocurrieron hace, por ejemplo, 80 años. “Si alguna suerte tengo en la vida es que no se me olvida nada. Se me olvida lo que quiero; lo que no, no”. Se remueve algo al decir:
“Recordar es volver a vivir. Hay momentos que no querría olvidar. Otros en que lo pasé tan mal que me duele. Todavía sigo soñando con lo pasado. Verónica me dice: ‘Vaya noche que ha pasado usted, hablando y chillando’. Tengo las torturas tan frescas en mi mente, que doy la lata”.
A ver, por ejemplo. Un día que no pueda olvidar. “El 17 de enero de 1941”, dice sin pensarloTiene 23 años. Ha vuelto a la cárcel de Ventas por tercera vez. La primera fue durante el golpe de Casado en marzo del 39, al final de la guerra. La segunda, terminada la guerra y también en Ventas. Apenas habían pasado 3 meses, pero la cárcel nada tenía que ver: “Habían quitado las salas de juego, los comedores, las duchas… Una prisión para 500 mujeres y éramos 11.000”. Esa segunda vez estuvo año y medio encerrada. Hasta que una tarde de diciembre de 1940 se ganó al general Carbonell y éste la soltó sin saber quién era.
“El general me llamó a diligencias y me dijo: ‘Tengo oído que eres muy castizona, que hablas mucho’. Y yo: ‘Pues sí’. Y él, mirando por la ventana: ‘Conocerás bien Madrid. ¿Sabes qué es eso de allí en frente?’ Se veía el cerro de los Ángeles, al que llamabamos ‘el cerro rojo’. Me quería pillar, pero como estaba baqueteá, respondí que era el cerro de los Ángeles. Y como había fiestas y se veía una verbena, cuando me preguntó que más veía, le dije: ‘Eso que hay abajo es un puesto de botijos. ¡Que ya me está jorobando con tanta preguntita!”. El general se echó a reir. ‘¿Qué te parece que te saque a la calle?’, preguntó. ‘Pues que no tenía que haber entrado. ¿Acaso es delito pasearse con el novio?’, le espeté, haciéndome la inocente. Así fue como salí. Pero luego se enfadó mucho. ‘¿Quién hizo los trajes militares?’ Concha. ‘¿Quién intentó quemar los archivos de la JSU?’ Concha. Y él: ‘De mí no se ríe nadie’. Entonces fue a por mi familia y yo me entregué, al mes de haber salido.
Tras desnudarla y torturarla en los sótanos de Ventas, cuando despuntaba el alba de ese 17 de enero la llevaron a las tapias del cementerio de La Almudena. “Estaba deseando acabar ya. Y pensé que me iban a quitar del medio. Pero sólo pensaba en mi madre y en el disgusto que se iba a llevar, con mis dos hermanos también encerrados en Burgos. Y entonces, junto a la tapia, me dicen: ‘¿Ves estos agujeros? Son de tus camaradas. El próximo será el tuyo’. Y me llevaron de vuelta a Ventas”.
Y es que allí, en agosto del 39, habían matado a 56 compañeros y compañeras suyas de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) donde ha militado desde los 16 años. ¿El delito? Matar a un inspector de policía que combatía la masonería y el comunismo. Fue un golpe brutal para descabezar la precoz savia nueva que había perdido la guerra. Debió ser horrible aquel verano de 1939, el primero de la Victoria. En una de sacas estaban las 13 rosas. Ella pudo ser la número 14. Se salvó de milagro. Sobre todo era amiga de Julia Conesa, la que en sus horas postreras escribió a su madre aquello de: ‘Me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar. Que no me lloréis, que mi nombre no se borre de la historia’.
Así, ‘Que mi nombre no se borre de la historia’, se titula el documental sobre las 13 rosas en el que ella habla. Pide disculpas porque no le quedan más copias para regalar. Le gusta más que la película sobre el mismo tema ‘La voz dormida’. “El libro en que se basa, de Dulce Chacón, me gustó, pero la película era demasiado comercial”.
 
Hablamos del robo de niños durante el Franquismo. “Cuando veo cómo curas y monjas condenan el aborto, me duele horrores. Yo nunca he abortado ni lo recomiendo, pero he visto cosas que no se pueden creer. Mujeres pariendo en la cárcel a las que le robaban su niño. ¡He visto tirar a un bebé contra la pared! Y antes, cuando empezó la guerra, organicé los talleres de ropa para milicianos en el convento de las Pastoras, que tenía un jardín precioso. Mira que me gusta un ramo más que estrenar un abrigo, pero les dije a los compañeros: ‘Esta guerra se puede alargar y con las flores no se come. Tenemos que plantar cosas que den de comer’. Así hicimos. Y al excarvar la tierra, bajo las flores, aparecieron muchos huesos infantiles, de recién nacidos”.

3. No dejé de sufrir hasta que murió el dictador

Sale de la cárcel con una obsesión: reivindicar la memoria de todos. “¡Y lo he conseguido!”, exclama ahora ufana. Pero entonces todo era triste. La liberararon para hacer de gancho y cazar a más rojos. Vive en la calle, pidiendo limosna, “robando para que a mi madre no le faltara comida”, hasta que consigue un trabajo de sirvienta en casa de Doña Paqui, que consigue sacar a sus hermanos de la cárcel. Se queda embarazada. Tan sólo fue una tregua. Al hermano mayor, Pepe, le apresan en Pontevedra años después, donde estaba de maqui. No salió hasta 1963. Y al pequeño, Luis, le detienen en Madrid, donde malvivía escondido y sólo veía a su hermana cuando ésta le dejaba comida en un cementerio. Salió con tuberculosis en 1957 y murió a los meses. El padre de su primera hija, Diana, también fue apresado y fusilado en 1942.
“Siempre estábamos perseguidos. Fueron años de vivir a salto de mata, de mucha pobreza, de registros constantes e interrogatorios en Gobernación” (el edificio de Sol). Me coloqué en una lechería. Vivía con mi madre y mi niña en una cuadra. Abría el despacho a las 6 de la mañana para preparar el reparto de mil botellas y volvía a la cuadra a las 7, de noche, tropezando a cada paso. De pena”.
La situación mejoró cuando se casó con Miguel, con el que tuvo cuatro hijos. Pero el marido, por celos, le apartó del PC, al que sólo volvió cuando se quedó viuda. Reconoce que el miedo y la rabia no terminaron del todo hasta 1975. “No dejé de sufrir hasta que murió el dictador”,dice.

“Tengo mucho aprecio a esta medalla. ¡Dicen que la llevó el Ché! (…) De España nunca me he querido ir. Mi mayor ilusión sería que el pueblo español estuviera unido. Ni PSOE ni PC ni PP. ¡Un amplio frente popular! En eso estoy con Anguita… La unión hace la fuerza. Si todos nos unimos no pueden con nostros. Hay que vencer las rencillas, nadie es perfecto, ni ellos ni nosotros. Con la nación pasa como con tu casa. Si toda la familia está unida sale a flote. Si no, se va a la ruina. ¡Mira qué grandes las manifestaciones cuando nos hemos unido! Me da rabia porque ya no voy, apenas puedo andar. Javier me lleva me lleva en la silla de ruedas. Voy echa una reina, pero me duele por él que tiene que ir empujando. Soy una de tantas, ni más ni menos. Hice lo que tuve que hacer. No me arrepiento de nada. Lo volvería a hacer con cinco sentidos”.

4. Estoy viendo las situación de los años 30

Le pregunto si alguna vez pensó en exiliarse tras la Guerra Civil. Y responde esto:
“No, nunca. Quiero a España… No la que tenemos, otra, y seguiré luchando por ella. Tengo una pena muy grande con lo que está haciendo el PP. Me cuesta muchas lágrimas cuando veo lo que está pasando. Seré muy romántica, pero pienso en toda la gente que nos han quitado luchando por un ideal, por los derechos de los trabajadores. Será poco lo que se consiguió, pero ha costado muchos años, mucha juventud dejada en los penales, que cuando han salido ya no servían para nada. ¡Y que nos lo quiten todo de un plumazo con su mayoría absoluta! Hay mucho que luchar, que hacer, hay que empezar de cero. Estoy viendo la situación de los años 30. Cuando íbamos a las manifestaciones, nos daban. Yo a mis chicos les digo que se pongan mucha ropa, que es lo que hacíamos nosotros, para amortiguar los golpes. Aunque ahora veo que lleváis los morrales –señala una mochila–, los macutos, ¡y eso los evita!”
Se ríe. Luego se queda seria. Hay más incomprensión que rabia cuando dice:
“Y yo digo, ¡esta gente que les ha votado…! Porque este es un barrio de trabajadores y aquí ha salido el PP siempre. Cuando hay elecciones y voy al colegio, les digo a las de IU, no os preocupéis que sale el PP. Si conozco a toda la gente… ¡Y ellos a mí! Concha la comunista me llaman. Pero me siento muy orgullosa. Porque si pasa algo vienen a pedírmelo. Ahora ya no, que me ven vieja. Pero cuando llegué a San Blas, aún venía la policía a mi casa. Para que no se creyeran que éramos gente de mal vivir, las decía: ‘No os asustéis, vendrá la policía muchas veces porque yo soy así, tengo este pensamiento y es por lo que lucho’. Pero mira. Tengo fama de que los hijos mejor educados son los míos. ¡Es un orgullo!

“A estos jóvenes del PC les quiero como a mis hijos. La foto fue de una vez que vinieron a visitarme. Son gente muy generosa, de una solidaridad que ya no es tan frecuente ahora como cuando yo era joven, que te quitabas lo que fuera para dárselo a los demás. Era una solidaridad más sólida. Ahora nadie se queda sin una cosa por dársela a otro. Puede ser que si te sobran 10, des 5. O lo metas en una ONG. Pero eso es más fácil”.
5. Tengo un bisnieto que es tela marinera
Su riqueza es una salud envidiable para tener 95 años. Ella desvela, orgullosa, la receta de su lucidez y larga vida: “No fumar, no beber, trabajar mucho, reírme mucho, hacer por los demás y no dormir nunca con remordimientos”. Ha tenido 6 hijos, 14 nietos y 10 bisnietos. “Nunca he tenido un duro, pero ésa es mi riqueza”. De igual forma que ella moldeó su conciencia política de su padre y hermano, ¿la ha transmitido a sus descendientes? “En mi familia hay de todo. Algunos comparten mi ideología y otros no. Pero tengo un bisnieto, Jorge, que es tela marinera. Tiene 18 años y está metido en el 15M. Recuerdo una comida familiar, hace cuatro años. Sus hermanas de tiros largos y él todo lo contrario. Tenía una bandera republicana en su cuarto. Me pregunta: ‘Bisa, cuando tú empezaste con tus cosas, ¿cuántos años tenías? Y yo, 14. ‘Pues esos son los que tengo y yo y voy a seguir como tú, porque soy anarquista’. Y digo: ‘Toma, ¡como mi padre!’ Le mandaron a un internado a Inglaterra para arreglarle, pero el niño ha vuelto más guerrero. Cuando le veo, ¡me da una alegría que pa qué!”.


jueves, 11 de julio de 2013

El retorno del migrante

Con un desempleo de más de 6 millones de personas, cada vez son más los migrantes que regresan a sus países de origen. En el caso de Bolivia, según datos del padrón español con fecha del 1 de enero de 2013, en el último año un total de 13.606 residentes bolivianos salió de España.
Hablamos con algunos de ellos e investigadores que destacan cómo se restablecen lazos afectivos con hijos a los que no han visto durante años, la especial incidencia que los procesos migratorios tienen sobre las mujeres, y sobre cómo muchos vuelven a migrar a países vecinos como Chile o Argentina.


Más de 6 millones de personas sufren el desempleo en España al tiempo que cada vez son más los emigrantes que regresan a sus países de origen. En el caso de Bolivia, según datos del padrón español con fecha del 1 de enero de 2013, en el último año un total de 13.606 residentes bolivianos salió de España.
Este retorno migratorio se ha favorecido por la crisis económica actual y la falta de oportunidades en sectores que hace un tiempo ofrecían cierta estabilidad, como la construcción, fábricas de calzados o textiles, el trabajo doméstico o cuidado de ancianos… Pero según explican los investigadores centrados en la migración, la decisión de que una persona regrese a su país no es sólo por factores económicos, hay otras razones como retomar los lazos afectivos de las relaciones familiares, de esos hijos a los que no se ve durante años o la enfermedad de algún familiar cercano también están detrás de estas decisiones
En este reportaje, se dan ejemplos de casos de bolivianos que han emigrado, como los de Ericka Apaza, quienes regresaron  a sus ciudades natales. Y otros como Kiko Tordoya que están en la encrucijada de regresar, o la madre de Melisa Rivera, que todavía está batallando en España y viendo cómo su salario como cuidadora se reduce considerablemente por la crisis.
En Bolivia asistimos cómo este país se enfrenta al reto de recibir a todas estas personas a las que no les puede ofrecer un futuro cierto. Es por esta razón por la que muchos bolivianos, optarán, antes que el regreso, por emigrar a países europeos como Alemania o Gran Bretaña, o bien a países latinoamericanos como Argentina o Brasil, que se convierten en nuevos destinos migratorios, según el Consejo Internacional de Residentes Bolivianos en el Exterior (CIRBE).
Según explica Leonardo de la Torre Ávila, investigador reconocido con el Premio Nacional y el Premio Latinoamericano de Investigación en Comunicación Social y Premio Nacional en Periodismo para el Desarrollo Humano, el caso de la crisis económica no es algo nuevo para los bolivianos. “no es la primera que nos toca afrontar en un destino migratorioLa de Argentina, en 2000, fue mucho más dura, y determinó la movida de muchos bolivianos a Estados Unidos”,asegura.
Esa decisión de emigrar, de preparar maletas e ir a buscar oportunidades laborales es como “la decisión de salida obligatoria como ocurría con el servicio militar antiguo, un viaje como un deber para los jóvenes”, explica este sociólogo que subraya que algunas zonas bolivianas tienen mucha experiencia en dinámicas migratorias desde hace casi un siglo, con destinos como Argentina, principalmente, Brasil y Estados Unidos. El emigrar a Europa es algo más reciente, de los últimos 10 años.
Razones para regresar
Según este sociólogo, tres son las razones principales  en las que se sustenta la decisión del retorno, de volver de nuevo al país de origen, en este caso Bolivia. La más acuciante es la de la cuestión laboral, de la falta de empleo y sustento en España, la otra el caso de la regularización, si finalmente la persona logró legalizar la situación migratoria e igual de importante es la cuestión de las relaciones familiares, de volver a retomar los lazos afectivos con hijos o parejas.“Creíamos que la razón de retornar era sobre todo por falta de trabajo, pero también los factores familiares son muy determinantes”, subraya  este investigador y docente de la Universidad Católica Boliviana.
Lo que sí es cierto es que la crisis económica española, “genera una situación atroz, sobre todo en la construcción” y el colectivo masculino boliviano “es uno de los más afectados por la caída en la construcción”, mientras el femenino debe también afrontar “los coletazos en la reducción del pago a las internas”, señala este investigador  y autor de libros como “No llores, prenda, pronto volveré”.
En investigaciones realizadas para analizar este retorno migratorio se ha comprobado que la aunque la crisis económica actúa como detonante en la decisión final de retorno, “la mayoría de las mujeres entrevistadas aclaran que la decisión final estuvo determinada por estas otras razones más de tipo personal, familiar. En cambio, Los hombres retornan por motivaciones puramente laborales: No había oportunidad de trabajo en España”, según explica Virginia Fuentes, trabajadora Social e Investigadora de la Universidad de Jaén, colaborada del Observatorio Infantojuvenil de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno
Historias personales
Ericka Apaza, en una fotografía en Barcelona, antes de su retorno obligado a Bolivia.
Una de esas personas bolivianas que ha retornado es Ericka Apaza, una joven de 23 años natural de Santa Cruz de la Sierra, que viajó a España con sus padres cuando tenía  14 años. “El cambio fue duro durante el primer año porque extrañaba mucho a mis hermanos y amigos. Finalmente viví casi 8 años en Barcelona y ya me acostumbré e hice mi vida allí, trabajaba y estudiaba”. Pero fue entonces cuandoestalló la crisis y “empezó a escasear el empleo. Había pocas oportunidades, España tenía la tasa de paro entre la población joven más alta de Europa y había más dificultad si no tenías los papeles y siendo extranjera”, asegura Ericka, que confiesa que comenzaba a pensar en regresar.
Pero la vuelta fue inesperada, fue deportada, un fin de semana que realizaba un viaje con su novio, en la frontera de Francia, cuando la policía le solicitó sus papeles. “Con solo 60 euros en el bolsillo, me obligaron a regresar a Santa Cruz de la Sierra. La alegría era muy grande porque volvía a ver a mi familia y al tiempo un sentimiento de rabia ya que en España en ese momento tenía un trabajo y una vida con ilusiones porque estaba a las puertas para ser ciudadana legal”, señala esta joven que ahora debe afrontar otras opciones de vida, en trabajos que apenas se remuneran en Bolivia como la hostelería.
Familias separadas
La migración boliviana hacia España ha sido principalmente femenina (55% del total), lo cual hace que también sean más las mujeres que retornen. Y se trata en muchos casos de un “retorno cíclico”, porque “muchas mujeres piensan en ir otro país como Chile, Brasil o Argentina”. Así lo explica Maggy Jáuregui, profesora e investigadora de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno y cofundadora del Observatorio Infantojuvenil de esta universidad.
Estas mujeres que retornan se encuentran con “dificultades para volver a acomodarse, porque extrañan una sociedad más organizada, como la española. Aquí ven todo más sucio, desordenado, con mayor inseguridad”, señala esta investigadora y psicóloga, que asegura que  al regresar  estas madres de familia ven cómo sus hijos ya son diferentes, han crecido sin ellas. Esa sensación de extrañeza también la perciben los menores, que llegan a decir “mi mamá vino más blanca o habla en otro lenguaje”, señala Jáuregui, que es una de las autoras del libro “Maternidad Transnacional: Vivencias Migratorias de Madres e Hijos/as adolescentes”.
Imagen de Melisa Ribera, con sus hermanos y padrastro, en una foto tomada hace siete años, pocos días después de que su madre Dorys emigrara a España.
Esta psicóloga también apunta que algunos de estos niños, hoy ya jóvenes, han experimentado un sentimiento de abandono ante la partida de su madre o de sus progenitores. Pero esto no es general, otros hijos se han educado y han crecido sin su madre y en cambio tienen un claro sentimiento de agradecimiento por el esfuerzo que ha realizado ésta, mandándoles dinero para que puedan tener una vida con más posibilidades. Éste es el caso de Melisa Rivera, que ahora tiene 24 años y que con apenas 17 vio partir a su madre Dorys a España, quedándose ella y su hermano Fabio, un año mayor, al cargo de cuatro hermanos, cuando el más pequeño, Josué tenía apenas 2 años.
“Mi madre tenía miedo de irse y dejarnos a nosotros solos, porque no teníamos papá ni ninguna persona mayor que se pudiera hacer cargoPero mi hermano Fabio y yo le dijimos ‘Mamita, tienes que irte, es lo mejor, nosotros dos cuidaremos de nuestros hermanitos”, explica Melisa Rivero, que gracias a la aportación de su madre hoy está concluyendo su tesis para obtener la licenciatura de Sociología.
Esta joven y futura socióloga está orgullosa de su madre, porque “ha trabajado muy duro por nosotros y aunque no la veamos desde hace 7 años, nos llama unas tres veces a la semana y se preocupa de todo”.  La crisis económica le está afectando en su trabajo como trabajadora doméstica y cuidadora de una anciana  en Sevilla. “Tiene miedo a quedarse sin trabajo y le han reducido el salario porque cada vez hay más oferta de mujeres de otros países, como Marruecos, que cobran más barato”, explica Melisa, que cuenta que su madre no tiene pensado regresar a España hasta que no haya pagado y equipado completamente la casa y el terreno. “Dice que tiene pensado irse a Alemania porque en España la crisis está empeorando y está cansada de su trabajo, porque la explotan”, concluye esta joven.
Lazos familiares debilitados
Esto demuestra que aunque generalmente los lazos familiares casi siempre se encuentran debilitados con la vuelta, hay excepciones. Depende de “la cotidianeidad y fluidez de la comunicación y de si la migración se ha vivido como una experiencia vital compartida, donde los padres e hijos han participado de las decisiones. En tal caso, la vuelta es más normalizada. Por el contrario, si las relaciones han sido puntuales, no se ha hecho partícipes a los hijos de las decisiones tomadas y éstos no han participado de los benefícios de la migración, los lazos familiares están fuertemente deteriorados”, asegura  la investigadora en formación Virginia Fuentes, de la Universidad de Jaén.
Es muy diferente cuando en la migración es el padre o la madre la que opta por irse a vivir a España. “La madre es el centro del hogar, si emigra al extranjero debe explicar bien los motivos a los hijos y tener clara la responsabilidad de quién los cuidará”, detalla Maggy Jáuregui, docente e investigadora de UAGRM.
Los hijos fueron la razón que impulsaron a la familia de Kiko Tordoya a regresar a Bolivia, nos explica: “Mi mujer nunca se acostumbró a vivir en España, pero la decisión del retorno fue que nuestro hijo de 18 años se fue conmigo de viaje a Bolivia y no deseo regresar de nuevo a Alicante”. Comparte durante la entrevista que es triste estar en España sin su mujer y tres de sus hijos, de los cuales, la pequeña cuenta sólo con 4 años y nació en España. Vive con su hijo mayor, que es el único que no desea regresar al país andino y que trata de forjarse un futuro estudiando mecánica electromotriz. “Como no hay trabajo, estudia, ya hizo Informática. Es mayor, no puedo obligarle a que regrese a Bolivia. Cuando decidimos emigrar, la idea era regresar todos juntos, no pensaba en desintegrar la familia”, asegura.
Este padre de familia nos adelanta que pronto cogerá las maletas para vivir con su mujer e hijos en Santa Cruz de la Sierra. “Deseo regresar, porque me comenta mi esposa que hay mucha inseguridad y deseo protegerles”.
Sentimientos cruzados
 Muchos de los que emigran desean un día volver a su país, pero si llega ese momento extrañan la “sensación de autonomía personal, económica y especialmente de derechos sociales que en España están asegurados hasta el momento como la atención sanitaria, educativa o la defensa legal”, precisa Virginia Fuentes,  investigadora en formación de la Universidad de Jaén. Este sentimiento unido a la falta de un futuro prometedor en Bolivia hacen que crezca con fuerza el deseo de emigrar de nuevo y esta vez a países vecinos como es el caso de Brasil o Chile. “Están próximos a Bolivia y pueden tener la ventaja de venir todos los años a ver a sus hijos, por lo que los vínculos estarían más fuertes”, apunta la investigadora y docente Maggy Jáuregui, de la UAGRM.