jueves, 11 de julio de 2013

El retorno del migrante

Con un desempleo de más de 6 millones de personas, cada vez son más los migrantes que regresan a sus países de origen. En el caso de Bolivia, según datos del padrón español con fecha del 1 de enero de 2013, en el último año un total de 13.606 residentes bolivianos salió de España.
Hablamos con algunos de ellos e investigadores que destacan cómo se restablecen lazos afectivos con hijos a los que no han visto durante años, la especial incidencia que los procesos migratorios tienen sobre las mujeres, y sobre cómo muchos vuelven a migrar a países vecinos como Chile o Argentina.


Más de 6 millones de personas sufren el desempleo en España al tiempo que cada vez son más los emigrantes que regresan a sus países de origen. En el caso de Bolivia, según datos del padrón español con fecha del 1 de enero de 2013, en el último año un total de 13.606 residentes bolivianos salió de España.
Este retorno migratorio se ha favorecido por la crisis económica actual y la falta de oportunidades en sectores que hace un tiempo ofrecían cierta estabilidad, como la construcción, fábricas de calzados o textiles, el trabajo doméstico o cuidado de ancianos… Pero según explican los investigadores centrados en la migración, la decisión de que una persona regrese a su país no es sólo por factores económicos, hay otras razones como retomar los lazos afectivos de las relaciones familiares, de esos hijos a los que no se ve durante años o la enfermedad de algún familiar cercano también están detrás de estas decisiones
En este reportaje, se dan ejemplos de casos de bolivianos que han emigrado, como los de Ericka Apaza, quienes regresaron  a sus ciudades natales. Y otros como Kiko Tordoya que están en la encrucijada de regresar, o la madre de Melisa Rivera, que todavía está batallando en España y viendo cómo su salario como cuidadora se reduce considerablemente por la crisis.
En Bolivia asistimos cómo este país se enfrenta al reto de recibir a todas estas personas a las que no les puede ofrecer un futuro cierto. Es por esta razón por la que muchos bolivianos, optarán, antes que el regreso, por emigrar a países europeos como Alemania o Gran Bretaña, o bien a países latinoamericanos como Argentina o Brasil, que se convierten en nuevos destinos migratorios, según el Consejo Internacional de Residentes Bolivianos en el Exterior (CIRBE).
Según explica Leonardo de la Torre Ávila, investigador reconocido con el Premio Nacional y el Premio Latinoamericano de Investigación en Comunicación Social y Premio Nacional en Periodismo para el Desarrollo Humano, el caso de la crisis económica no es algo nuevo para los bolivianos. “no es la primera que nos toca afrontar en un destino migratorioLa de Argentina, en 2000, fue mucho más dura, y determinó la movida de muchos bolivianos a Estados Unidos”,asegura.
Esa decisión de emigrar, de preparar maletas e ir a buscar oportunidades laborales es como “la decisión de salida obligatoria como ocurría con el servicio militar antiguo, un viaje como un deber para los jóvenes”, explica este sociólogo que subraya que algunas zonas bolivianas tienen mucha experiencia en dinámicas migratorias desde hace casi un siglo, con destinos como Argentina, principalmente, Brasil y Estados Unidos. El emigrar a Europa es algo más reciente, de los últimos 10 años.
Razones para regresar
Según este sociólogo, tres son las razones principales  en las que se sustenta la decisión del retorno, de volver de nuevo al país de origen, en este caso Bolivia. La más acuciante es la de la cuestión laboral, de la falta de empleo y sustento en España, la otra el caso de la regularización, si finalmente la persona logró legalizar la situación migratoria e igual de importante es la cuestión de las relaciones familiares, de volver a retomar los lazos afectivos con hijos o parejas.“Creíamos que la razón de retornar era sobre todo por falta de trabajo, pero también los factores familiares son muy determinantes”, subraya  este investigador y docente de la Universidad Católica Boliviana.
Lo que sí es cierto es que la crisis económica española, “genera una situación atroz, sobre todo en la construcción” y el colectivo masculino boliviano “es uno de los más afectados por la caída en la construcción”, mientras el femenino debe también afrontar “los coletazos en la reducción del pago a las internas”, señala este investigador  y autor de libros como “No llores, prenda, pronto volveré”.
En investigaciones realizadas para analizar este retorno migratorio se ha comprobado que la aunque la crisis económica actúa como detonante en la decisión final de retorno, “la mayoría de las mujeres entrevistadas aclaran que la decisión final estuvo determinada por estas otras razones más de tipo personal, familiar. En cambio, Los hombres retornan por motivaciones puramente laborales: No había oportunidad de trabajo en España”, según explica Virginia Fuentes, trabajadora Social e Investigadora de la Universidad de Jaén, colaborada del Observatorio Infantojuvenil de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno
Historias personales
Ericka Apaza, en una fotografía en Barcelona, antes de su retorno obligado a Bolivia.
Una de esas personas bolivianas que ha retornado es Ericka Apaza, una joven de 23 años natural de Santa Cruz de la Sierra, que viajó a España con sus padres cuando tenía  14 años. “El cambio fue duro durante el primer año porque extrañaba mucho a mis hermanos y amigos. Finalmente viví casi 8 años en Barcelona y ya me acostumbré e hice mi vida allí, trabajaba y estudiaba”. Pero fue entonces cuandoestalló la crisis y “empezó a escasear el empleo. Había pocas oportunidades, España tenía la tasa de paro entre la población joven más alta de Europa y había más dificultad si no tenías los papeles y siendo extranjera”, asegura Ericka, que confiesa que comenzaba a pensar en regresar.
Pero la vuelta fue inesperada, fue deportada, un fin de semana que realizaba un viaje con su novio, en la frontera de Francia, cuando la policía le solicitó sus papeles. “Con solo 60 euros en el bolsillo, me obligaron a regresar a Santa Cruz de la Sierra. La alegría era muy grande porque volvía a ver a mi familia y al tiempo un sentimiento de rabia ya que en España en ese momento tenía un trabajo y una vida con ilusiones porque estaba a las puertas para ser ciudadana legal”, señala esta joven que ahora debe afrontar otras opciones de vida, en trabajos que apenas se remuneran en Bolivia como la hostelería.
Familias separadas
La migración boliviana hacia España ha sido principalmente femenina (55% del total), lo cual hace que también sean más las mujeres que retornen. Y se trata en muchos casos de un “retorno cíclico”, porque “muchas mujeres piensan en ir otro país como Chile, Brasil o Argentina”. Así lo explica Maggy Jáuregui, profesora e investigadora de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno y cofundadora del Observatorio Infantojuvenil de esta universidad.
Estas mujeres que retornan se encuentran con “dificultades para volver a acomodarse, porque extrañan una sociedad más organizada, como la española. Aquí ven todo más sucio, desordenado, con mayor inseguridad”, señala esta investigadora y psicóloga, que asegura que  al regresar  estas madres de familia ven cómo sus hijos ya son diferentes, han crecido sin ellas. Esa sensación de extrañeza también la perciben los menores, que llegan a decir “mi mamá vino más blanca o habla en otro lenguaje”, señala Jáuregui, que es una de las autoras del libro “Maternidad Transnacional: Vivencias Migratorias de Madres e Hijos/as adolescentes”.
Imagen de Melisa Ribera, con sus hermanos y padrastro, en una foto tomada hace siete años, pocos días después de que su madre Dorys emigrara a España.
Esta psicóloga también apunta que algunos de estos niños, hoy ya jóvenes, han experimentado un sentimiento de abandono ante la partida de su madre o de sus progenitores. Pero esto no es general, otros hijos se han educado y han crecido sin su madre y en cambio tienen un claro sentimiento de agradecimiento por el esfuerzo que ha realizado ésta, mandándoles dinero para que puedan tener una vida con más posibilidades. Éste es el caso de Melisa Rivera, que ahora tiene 24 años y que con apenas 17 vio partir a su madre Dorys a España, quedándose ella y su hermano Fabio, un año mayor, al cargo de cuatro hermanos, cuando el más pequeño, Josué tenía apenas 2 años.
“Mi madre tenía miedo de irse y dejarnos a nosotros solos, porque no teníamos papá ni ninguna persona mayor que se pudiera hacer cargoPero mi hermano Fabio y yo le dijimos ‘Mamita, tienes que irte, es lo mejor, nosotros dos cuidaremos de nuestros hermanitos”, explica Melisa Rivero, que gracias a la aportación de su madre hoy está concluyendo su tesis para obtener la licenciatura de Sociología.
Esta joven y futura socióloga está orgullosa de su madre, porque “ha trabajado muy duro por nosotros y aunque no la veamos desde hace 7 años, nos llama unas tres veces a la semana y se preocupa de todo”.  La crisis económica le está afectando en su trabajo como trabajadora doméstica y cuidadora de una anciana  en Sevilla. “Tiene miedo a quedarse sin trabajo y le han reducido el salario porque cada vez hay más oferta de mujeres de otros países, como Marruecos, que cobran más barato”, explica Melisa, que cuenta que su madre no tiene pensado regresar a España hasta que no haya pagado y equipado completamente la casa y el terreno. “Dice que tiene pensado irse a Alemania porque en España la crisis está empeorando y está cansada de su trabajo, porque la explotan”, concluye esta joven.
Lazos familiares debilitados
Esto demuestra que aunque generalmente los lazos familiares casi siempre se encuentran debilitados con la vuelta, hay excepciones. Depende de “la cotidianeidad y fluidez de la comunicación y de si la migración se ha vivido como una experiencia vital compartida, donde los padres e hijos han participado de las decisiones. En tal caso, la vuelta es más normalizada. Por el contrario, si las relaciones han sido puntuales, no se ha hecho partícipes a los hijos de las decisiones tomadas y éstos no han participado de los benefícios de la migración, los lazos familiares están fuertemente deteriorados”, asegura  la investigadora en formación Virginia Fuentes, de la Universidad de Jaén.
Es muy diferente cuando en la migración es el padre o la madre la que opta por irse a vivir a España. “La madre es el centro del hogar, si emigra al extranjero debe explicar bien los motivos a los hijos y tener clara la responsabilidad de quién los cuidará”, detalla Maggy Jáuregui, docente e investigadora de UAGRM.
Los hijos fueron la razón que impulsaron a la familia de Kiko Tordoya a regresar a Bolivia, nos explica: “Mi mujer nunca se acostumbró a vivir en España, pero la decisión del retorno fue que nuestro hijo de 18 años se fue conmigo de viaje a Bolivia y no deseo regresar de nuevo a Alicante”. Comparte durante la entrevista que es triste estar en España sin su mujer y tres de sus hijos, de los cuales, la pequeña cuenta sólo con 4 años y nació en España. Vive con su hijo mayor, que es el único que no desea regresar al país andino y que trata de forjarse un futuro estudiando mecánica electromotriz. “Como no hay trabajo, estudia, ya hizo Informática. Es mayor, no puedo obligarle a que regrese a Bolivia. Cuando decidimos emigrar, la idea era regresar todos juntos, no pensaba en desintegrar la familia”, asegura.
Este padre de familia nos adelanta que pronto cogerá las maletas para vivir con su mujer e hijos en Santa Cruz de la Sierra. “Deseo regresar, porque me comenta mi esposa que hay mucha inseguridad y deseo protegerles”.
Sentimientos cruzados
 Muchos de los que emigran desean un día volver a su país, pero si llega ese momento extrañan la “sensación de autonomía personal, económica y especialmente de derechos sociales que en España están asegurados hasta el momento como la atención sanitaria, educativa o la defensa legal”, precisa Virginia Fuentes,  investigadora en formación de la Universidad de Jaén. Este sentimiento unido a la falta de un futuro prometedor en Bolivia hacen que crezca con fuerza el deseo de emigrar de nuevo y esta vez a países vecinos como es el caso de Brasil o Chile. “Están próximos a Bolivia y pueden tener la ventaja de venir todos los años a ver a sus hijos, por lo que los vínculos estarían más fuertes”, apunta la investigadora y docente Maggy Jáuregui, de la UAGRM.


jueves, 27 de junio de 2013

Expulsado ilegalmente de España dos veces siendo menor

Mohamed Camara fue desterrado clandestinamente en noviembre de 2012 a Marruecos, estando tutelado por la Consejería de Bienestar Social de Melilla y acogido en un Centro de Menores.
Tras varios intentos fallidos, logró entrar en la bahía de Melilla en patera a mediados de marzo, pero volvió a ser echado de forma irregular y deportado posteriormente a Argelia donde sufrió abusos.
Desde hace tres meses espera en los campamentos cercanos a Nador, sin dinero y exhausto tras decenas de intentos de volver a Melilla, que prospere la denuncia presentada ante la Justicia española en la que dice confiar a pesar de todo.


Él asegura que no pierde la esperanza y que, a pesar de todo lo que le ha sucedido, confía plenamente en la justicia española. Pero, durante las casi dos horas de caminata desde Tauima (pequeña población a las afueras de Nador, en el norte de Marruecos) hasta el asentamiento de inmigrantes donde vive, al joven Mohamed Camara se le nota cada vez más cansado, delgado y apático.

Mientras, en España siguen sin depurarse responsabilidades y las diligencias judiciales parecen haberse atascado en referencia a la denuncia que el propio Mohamed presentó -gracias a la intercesión de las ONG Prodein, Areas y Caminando Fronteras- en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción Número 1 de Melilla, tras ser expulsado ilegalmente de tierras españolas en dos ocasiones siendo menor de edad, la primera de ellas estando tutelado por la Ciudad Autónoma de Melilla y acogido en un centro de menores de dicha localidad.
Desde que el pasado 20 de abril cumpliera la mayoría de edad ya no le ampara la protección especial que tanto la legislación española como las leyes internacionales dictan sobre los menores. Además, han pasado casi tres meses desde que se interpusiera la pertinente denuncia y no parece que se estén haciendo todos los esfuerzos posibles para esclarecer los hechos y restituir el gran daño infligido a este adolescente guineano.
Todo esto va haciendo mella en una persona que ha intentado entrar tantas veces a Melilla que dice haber perdido la cuenta. Un chico que ha sido deportado violentamente a Argelia en cuatro ocasiones; al que le han despojado de sus objetos personales seis veces; y que ha agotado ya todos sus recursos económicos y los de sus familiares, amigos y conocidos para probar suerte en una nueva tentativa de pisar suelo español.
Primera expulsión ilegal estando tutelado en España
Mohamed Camara nace en Conakry, capital de la República de Guinea, el 20 de abril de 1995, en el seno de una familia muy humilde, siendo el segundo de tres hermanos. Buen estudiante y deportista, destaca por su facilidad para los idiomas, llegando a hablar hasta cinco; así como por su buena condición física, que le lleva a soñar con llegar un día a jugar en el Barça, su referencia futbolística en Europa, o incluso a poder igualar algún día las marcas del velocista jamaicano Usain Bolt, su ídolo del atletismo.
“En mi país no hay absolutamente nada”, comenta el joven. “Es un país muy pobre. Allí, ahora, sólo tengo a mi hermana pequeña (de 14 años) y a mi madre. Y yo siempre quise salir para intentar tener un poco de dinero y poder rehacer mi vida, vivir mis sueños”.
Su afán por querer mejorar le llevó a realizar un viaje de siete meses hasta lograr entrar en Melilla, después de varios intentos fallidos, en marzo de 2012, cuando tan sólo contaba con 16 años de edad. La Dirección General del Menor y la Familia de la Consejería de Bienestar Social y Sanidad de Melilla confirma, en un escrito remitido al Defensor del Pueblo, que Camara estuvo tutelado por dicha entidad “desde el 28 de marzo de 2012”, permaneciendo ingresado “en el Centro de Menores ‘La Purísima’”.
Mohamed, acompañado por amigos del centro de acogida, muestra sus medallas deportivas en julio del pasado año
Mohamed, acompañado por amigos del centro de acogida, muestra sus medallas deportivas en julio del pasado año 
Durante su estancia en España bajo tutela institucional, Mohamed aprende rápido la lengua española y se entusiasma con el mundo medioambiental en las clases de jardinería que recibe en  la Granja Escuela ‘Gloria Fuertes’. Destaca considerablemente en deportes, consiguiendo medalla en todas las competiciones de atletismo y fútbol a las que le dejan apuntarse.
Hace buena amistad con Ibrahima Sare, un chico burkinés dos años menor que él, con el que comparte lengua materna, aficiones y, sobre todo, color de piel. Consiguen hacer piña y se defienden mutuamente de los constantes enfrentamientos con los menores magrebíes que son mayoría en los centros de acogida en Melilla.
Muchas veces, para sentirse un poco más en casa, o al menos en un ambiente menos hostil, recorrían a pie los escasos 500 metros que separan el Centro de Menores del CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes), donde la mayoría de los internos son, al igual que ellos, de origen subsahariano. La mañana del 14 de noviembre de 2012 hicieron este camino juntos por última vez.
Según el relato de los menores, cuando se encontraban ya a las puertas del CETI, una persona que se identificó como “inspector” les instó a que subieran a un vehículo y les condujo hasta la valla de seguridad que separa a la ciudad autónoma de Marruecos donde, según afirman, fueron entregados a agentes dela Guardia Civil, quienes tras abrir una de las puertas de la valla, cerca del paso fronterizo de Mariuari, les obligaron a pasar al lado marroquí.
“Nos preguntaron cómo habíamos entrado a Melilla y nos exigían que les diéramos nombres de los ocupantes, color y marca del vehículo en el que decían que habíamos entrado”, relata Mohamed. “Les repetimos que no éramos nuevos, que vivíamos desde hacía meses en el Centro de Menores. Pero no nos creyeron. Ibrahima llevaba más de un año en Melilla, estudiaba en un instituto y hablaba perfectamente español, pero no quisieron creernos. Estaban decididos a echarnos, dijéramos lo que dijéramos”
Una carta anónima remitida a la organización Pro Derechos de la Infancia (Prodein) y presentada como documento anexo a la denuncia asegura que los jóvenes fueron expulsados entre las 11:00 horas y las 13:00 horas en la zona de la alambrada señalizada como A13-A14 y, además de dar los nombres de los guardias que participaron en esta expulsión ilegal, asegura que toda la acción “quedó recogida a través de las cámaras de vigilancia del perímetro fronterizo, las cuales son gestionadas por la Comandancia de Melilla”.
Una vez en manos de dos gendarmes de las Fuerzas Auxiliares marroquíes, éstos les dijeron que se alejaran del lugar y corrieran hacia los campamentos del monte Gurugú si no querían recibir una paliza. Allí permanecieron varios días “sin nada que comer y muertos de frío y miedo”, explica Camara.
La Fiscalía General del Estado abrió entonces una investigación, ya que los hechos podrían ser constitutivos de varios delitos entre los que destacarían el abandono de menores, la vulneración de la Ley del Menor, la detención ilegal y la expulsión ilegal, entre otros.
Incluso la Dirección General de la Policía emitió un comunicado en el que aseguraban que habían tenido conocimiento de que ambos menores se encontraban en la localidad marroquí de Nador, a través del Defensor del Pueblo, quien habría requerido ala Jefatura Superior de Policía de Melilla “el reintegro” de los menores en el Centro de Acogida.
La Policía española pidió a la marroquí que localizase a los chavales y se los entregase en el paso fronterizo de Beni Enzar, pero se negó rotundamente a ello. Entonces, según relata Mohamed, un policía adscrito al Consulado de España en Nador, acompañado por otros dos agentes, se reunió con los menores en el aparcamiento del supermercado Marjane, a las afueras de Nador, para ofrecerles una vía alternativa de entrada a Melilla.
“Nos dijeron que estaban haciendo todo lo posible para que entráramos a España pero que estaba siendo complicado. Dijeron que podíamos ir en taxi hasta Farhana (pequeña población limítrofe con Melilla que cuenta con un paso fronterizo habilitado) y que, una vez allí, ellos no nos pondrían problemas para entrar”, explica Mohamed. Una maniobra difícil ya que “no tenemos dinero para coger un taxi”. Además, “somos negros e ilegales, ningún taxi nos pararía e incluso podría avisar a la policía”. Por si fuera poco, “decían que debíamos correr para evitar que nos atrapara la policía marroquí de frontera. Pero, ¿Y si nos cogía? Habría sido un suicidio”.
El 10 de diciembre de 2012, tras casi un mes sobreviviendo en pésimas condiciones, Ibrahima, de 14 años, fue interceptado, junto con otros 14 chavales, intentando acceder de manera irregular a Melilla en una pequeña embarcación y desde entonces permanece acogido de nuevo en Melilla, primero, en el Centro de Menores de La Purísima y, luego, debido a alguna irregularidad administrativa que todavía estudia el Defensor del Pueblo, en el centro de inmigrantes adultos (CETI).

Segunda expulsión ilegal y deportación a Argelia
Mohamed quedaba entonces solo, sin su compañero de batallas. Pero, Ibrahima le dejó un buen puñado de amigos y contactos, entre ellos un primo suyo, que ayudaron a Mohamed y le financiaron los dos intentos de entrada por mar a Melilla entre diciembre y enero. Aunque la suerte no le acompañó en ninguno de los dos viajes en lancha.
El pasado 15 de marzo, Mohamed se subía a un bote de pesca junto con otros 13 compañeros y recorrían los pocos kilómetros que separan la bahía de Nador de la de Melilla. Ya estaban frente ala Playa de los Cárabos, a escasos metros de la costa española cuando la Guardia Civil interceptó la embarcación.
“Estábamos a 20 metros de la playa”, asegura el joven guineano. “Pararon el bote y nos dijeron que querían ayudarnos. Que iban a llevarnos al puerto de Melilla para asistirnos”.
Entonces, tres guardias civiles amarraron la embarcación a una zodiac del Instituto Armado y la remolcaron fuera de la bahía y, aprovechando la nula visibilidad desde la ciudad, tras las escolleras y el rompeolas del puerto, sus ocupantes fueron repartidos en embarcaciones neumáticas con motores fueraborda de gran cilindrada y conducidos a los límites marinos de España por la zona norte de la ciudad.
Tanto la embarcación como los jóvenes fueron entregados a las Fuerzas Auxiliares marroquíes que les condujeron a un destacamento militar próximo a la frontera norte con Melilla.
“Yo les dije quién era y les conté toda mi historia resumida. Les dije que era menor y que había estado ocho meses acogido en Melilla. Les conté que ya me habían expulsado a Marruecos una vez pero que la Policía me dijo que podía volver”.
Mohamed asegura que, tras su declaración, fue interrogado por tres guardias que le hicieron varias preguntas y le tomaron fotografías del rostro. Uno de ellos, según declara el joven, dijo a los otros que no podían expulsarle otra vez y que debían acogerle, pero finalmente sus compañeros no le hicieron caso.
Tras ser devuelto por segunda vez de manera ilegal a Marruecos, pasó un día entero encerrado en unas dependencias para inmigrantes irregulares “sin comida y sin agua” y después fue conducido hasta la frontera de Oujda y expulsado a Argelia.
“Allí la policía argelina nos pegó y nos quitó todo lo que llevábamos: papeles, teléfonos móviles, dinero, todo. Luego nos obligó a dar la vuelta y a volver a Marruecos”, relata.
Los guardias interrogan a Mohamed Camara antes de expulsarlo de manera irregular por segunda vez
Los guardias interrogan a Mohamed Camara en la embarcación antes de expulsarlo de manera irregular por segunda vez
Desde la Delegación del Gobierno en Melilla se aseguró en todo momento que la embarcación fue interceptada en alta mar, por lo que no fue una entrega irregular. Pero las declaraciones de los ocupantes de la barca, la de los melillenses presentes en ese instante en el Paseo Marítimo y varios vídeos grabados por periodistas, organizaciones y particulares, desmontan la versión oficial.

Expulsiones Ilegales de menores: algo habitual
Mohamed Camara y su historia saltaron a la palestra gracias al buen trabajo de algunas de las organizaciones que trabajan en la Frontera Sur, pero no es un caso aislado.
Las expulsiones ilegales de inmigrantes de Melilla a Marruecos y de Marruecos a Argelia son una constante que aumenta de manera directamente proporcional al incremento de la presión migratoria sobre estas fronteras.
Desde que el 20 de septiembre de 2005, José Palazón, presidente de Prodein, lograra filmar estas expulsiones sumarias y denunciarlas por primera vez ante el Defensor del Pueblo y la Fiscalía General del Estado son cientos las denuncias públicas que distintas asociaciones y organizaciones han hecho de esta preocupante práctica ilegal.
Médicos Sin Fronteras (MSF), en su Informe sobre la inmigración de origen subsahariano en situación irregular en Marruecos, de septiembre de 2005, evidenciaba, a partir de los testimonios recogidos por sus equipos, que era indudable que la Guardia Civil (encargada de la custodia fronteriza en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla) “vulnera la legislación aplicable al devolver a los inmigrantes subsaharianos interceptados en las inmediaciones de la frontera”.
La devolución a Marruecos de cualquier extranjero que se hubiera encontrado en situación irregular en dicho país contraviene, según el citado informe, “las disposiciones nacionales en materia de extranjería, puede constituir una violación del artículo 3 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos, y vulnera los principios básicos reconocidos por la Convención de Ginebra de 1951, en particular, el principio de no devolución contenido en su artículo 33.1.”.
José Palazón asegura que esta forma de proceder es habitual y que son muchas las expulsiones sumarias e ilegales que se cometen “incluso con mujeres embarazadas y niños, y a plena luz del día; sólo que esta vez se ha podido demostrar con fotos y vídeos”.
Igualmente, Palazón cree que “desde la Ciudad y la Delegación se está orquestando una campaña de difamación, precisamente para ocultar la verdadera violencia, que es la que ejercen las Fuerzas de Seguridad con los inmigrantes y los menores. Ha llegado un momento en el que las violaciones de derechos humanos en Melilla son continuas y las ilegalidades se cometen de forma impune y a la vista de todos y eso tiene que acabar”.
A la espera de una nueva oportunidad
Los inmigrantes subsaharianos, según un estudio de MSF de este año, conviven cerca de Melilla en grupos constituidos en función de los recursos que tienen para alcanzar el continente europeo. La población que vive en los bosques  del monte Gurugú, en Nador, es casi exclusivamente masculina, pero incluye un número significativo de menores no acompañados que no tienen dinero para pagar a las redes de tráfico de personas. Estos intentan entrar en Europa por otros medios, como por ejemplo saltando la valla o nadando hasta Melilla.
Y en otras zonas de Nador las comunidades se organizan según su relación con las redes de tráfico y trata de seres humanos; son grupos de hombres, mujeres, niños y niñas de nacionalidades diversas que esperan una embarcación u otro medio de transporte que les lleve hasta Europa. Estos son los llamados campamentos familiares.
Ahora, Mohamed Camara vive en uno de estos asentamientos, a unos 20 kilómetros de Melilla, acompañado por unas 100 personas más, la mayoría mujeres, jóvenes y niños.
Tiene que trabajar para los intermediarios y los jefes de los distintos campamentos para poder ganarse un puesto en alguna de las pateras que salgan este verano hacia las costas españolas o para intentar cruzar a Melilla incrustado en el doble fondo del salpicadero de algún coche.
Algunos de sus compañeros de campamento tienen malaria, fiebres, problemas estomacales o sufren fuertes dolores por contusiones o golpes: “Cuando enfermamos se pasa muy mal porque no podemos ir al hospital. Estamos lejos y tenemos miedo de que nos cojan y nos expulsen a Oujda”, asegura.
Suelen tener muchos problemas con la policía marroquí y las fuerzas auxiliares que, desde principios de marzo, vigilan a diario los asentamientos. Afirma que a las mujeres y a los niños pequeños no les pegan y tampoco los deportan, pero los jóvenes y los hombres tienen que escapar para no recibir brutales palizas.
“Vienen temprano para pillarnos dormidos. A las 4 ó 5 de la mañana salimos todos corriendo y nos escondemos. Ellos preguntan a las mujeres dónde están los hombres. Ellas no contestan o dicen que no hay hombres. Entonces las sacan de los campamentos. Luego nos quitan todas las cosas de valor y el resto lo queman. Ya han quemado tres veces mi campamento”, relata el joven guineano.
Mohamed, a las puertas del Centro de Menores, días antes de su primera expulsión
Mohamed, a las puertas del Centro de Menores, días antes de su primera expulsión 
Es inteligente, alto y fibroso. Desprende seguridad e irradia confianza. A pesar de vivir tirado en un monte está limpio y aseado. Las uñas son perfectas y sus gestos parecen estudiados. Tiene un rostro bello y una mirada embaucadora. Si hubiera nacido en cualquier país europeo sería seguramente un deportista de élite o un modelo de pasarela.
Habla casi a diario con su madre, Nana, ella le da “fuerzas” y le dice que debe “tener coraje y no perder la esperanza”.  Su intención, por encima de todo, sigue siendo “entrar de nuevo a España y lo voy a seguir intentando hasta que lo consiga”. Quiere volver a Melilla porque en su país “no hay futuro” y en los campamentos “todo es muy malo, no es vida”.
Así que, a pesar de que es consciente de que se ha cometido una injusticia terrible con él, sigue confiando en la justicia española y está seguro de que algún día todo se arreglará y, al final, todo esto le habrá hecho más fuerte y mejor persona.


jueves, 20 de junio de 2013

“Mientras sigan dándose políticas de criminalización, el futuro será la pervivencia de los CIE”

Entrevista con el abogado Arsenio G. Cores, especializado en derechos humanos, y con más de una década de experiencia en casos de migración y asilo.


Arsenio G. Cores lleva más de una década trabajando como abogado en el ámbito de los derechos humanos. En este tiempo ha conocido de primera mano las políticas que han obstaculizado la vida de las personas inmigrantes, solicitantes de asilo, apátridas y víctimas de trata en España. Conversamos con él sobre la legislación nacional y europea sobre los Centros de Internamiento de Emigrantes (CIE).

Frente a las irregularidades en que incurre la existencia de los CIE, ¿cabría la posibilidad de que algún tribunal, europeo o español, los declarase ilegales?
Hay que partir de la base de que en Europa existe una Directiva, del año 2008, conocida como Directiva de la vergüenza, que fue promovida por el Partido Socialista, que autoriza la existencia de estos centros. Lo que habría que cuestionarse es qué disfrute de derechos podrían tener las personas que se encuentran recluidas en los CIE. A día de hoy, cerrar un CIE en Europa resultaría complicado. Partiendo de las diferentes convenciones de Derechos Humanos, efectivamente podrían existir argumentos jurídicos para considerar que estos centros incurren en la ilegalidad y así posibilitar su clausura, si bien en la práctica resultaría extremadamente difícil. Sí sería factible que, por parte de algún tribunal, bien español o de otros países de la UE, se estableciese una regulación más dura para con las administraciones, evitando así que se cometan las barbaridades que a día de hoy tienen lugar en estos centros. La aspiración que tenemos, evidentemente, es el cierre total, pero a día de hoy resulta complicado, sobre todo cuando es la propia Unión Europea la que establece que existan esos centros.

Precisamente, hemos visto que, en cuestión de derechos de los internos, la situación es de un marasmo absoluto, ¿cree ud. que acabarán por regularse a nivel nacional o europeo?
Efectivamente, es un marasmo. De hecho, la Directiva establece unos plazos de retención que oscilan desde los 40 días hasta los 18 meses, lo que es una barbaridad y un sinsentido. Esta medida se tomó únicamente para poder retener a la gente en los estados en que los períodos de estancia eran indeterminados. Es una barbaridad, y tiene que ver con la criminalización de las personas migrantes. En caso de que no pudiera darse un cierre definitivo de los CIE, lo ideal sería la existencia de una reglamentación que no fuese una Directiva, sino un reglamento, sin diferencias en la restricción de derechos entre los países de la Unión Europea. Puede haber diferencias en los derechos, pero nunca en la restricción de los mismos entre los miembros de la UE. Remitiéndonos al artículo publicado recientemente por Periodismohumano sobre el caso de Josephine Thomas, que es recluida no en un centro de internamiento, sino en un centro no regulado en el que se dispone de menos derechos que la gente interna en los CIE, que a su vez suele gozar de menos derechos que las personas recluidas en una prisión. En teoría, la única restricción debería ser la de la libertad deambulatoria. Se está elaborando un reglamento para la regulación de los CIE que todavía no ha salido a la luz, y mientras tanto, disponemos únicamente de unas sentencias, en Madrid y Valencia, de los respectivos Juzgados de Instrucción que regulan someramente el funcionamiento de sus respectivos centros. Se ha publicado un informe de Pueblos Unidos que trata precisamente de esto. En definitiva, es algo que debería estar regulado, pero a nivel europeo y por medio de un reglamento. A nivel de directivas, tenemos la experiencia de lo sucedido con las Directivas de Asilo, que han dado lugar a unas regulaciones muy diferentes y a unas aplicaciones completamente distintas de un país a otro. La Directiva sólo propicia una enorme inseguridad jurídica, algo que no debería darse en los casos de restricción de derechos.

En el caso de Madrid, el expediente gubernativo 286/2012 del Magistrado Juez de Instrucción nº6 establece, en el caso de las expulsiones de los internos, que previamente se realizaban sin ningún tipo de información o garantía; que el expulsado habrá de ser avisado con al menos 12 horas de antelación, dando a conocer el número de vuelo, hora de llegada, ciudad de destino, etc. sin necesidad de ser ello solicitado por el interno. El expediente de extranjería 39/2012 del Juez nº3 de Valencia establece lo propio para el CIE de Zapadores, aunque sin plazo mínimo de horas para el aviso.
¿Le consta que haya denuncias en curso contra los CIE en lo que se refiere a las condiciones de vida de sus internos o las restricciones de sus derechos?
Por lo que tengo entendido, aparte de denuncias públicas tales como las de prensa, no hay ningún proceso abierto contra ninguno de estos centros. En caso de haber alguno, se trata de procesos abiertos ante juzgados, todavía sin mayor trascendencia. De todas formas, puede ser que esté errado. Por otra parte, la situación de desconocimiento en que se encuentran los internos resulta total, así como una enorme presión psicológica derivada de una culpabilidad infundada, según la cual los internos creen no tener derechos por haber incumplido la ley. No hay que olvidar, además, de que el funcionamiento y control de los CIE dependen en primera instancia de la Policía, por lo que cualquier queja que pueda darse es directamente desestimada. Un ejemplo de cómo funcionan las cosas se da cuando un interno quiere ponerse en contacto con un abogado, con una organización o, simplemente, solicitar asilo. Para ello, el proceso pasa por rellenar un formulario y depositarlo en un buzón. En la mayoría de las ocasiones, esos formularios no llegan, pues deben pasar por el Director de Seguridad del CIE o la Oficina de Asilo para dar comienzo a los trámites. Muchas veces no llegan, y son las organizaciones las que tienen que estar pendientes de que las solicitudes de los internos sean atendidas. Existen, asimismo, espacios vacíos en los que se denuncian casos de malos tratos. Aunque ello no trascienda, indica que algo está pasando. La excusa de que se trata de personas que han delinquidono es válida. Si realmente se trata de personas condenadas y cuya pena ha sido sustituida por la expulsión, quizás no debieran estar ahí. Si se trata de personas condenadas, cuya pena ya ha sido cumplida y pendientes de expulsión, también cabría preguntarse si debieran estar ahí, o de qué manera deberían relacionarse con el resto de internos, ya que en torno al 70% de los internos son gente cuya única falta es estar en situación irregular, a los que en principio se les restringe el derecho de libertad deambulatoria, si bien en la práctica se encuentran con muchísimas más restricciones.
Podríamos decir, pues, que la atención e información de los internos corre a cargo de las diferentes organizaciones interesadas en el funcionamiento de estos centros.
Por supuesto, el régimen de los CIE no deja de tratarse de un régimen policial. Nos encontramos con celdas sin baños, colas enormes para acceder a las oficinas de renovación de permisos, edificios como el de Aluche, en el que las rejas de las ventanas se encuentran camufladas por unos paneles azules para no ser vistas desde fuera, etc. En ese contexto, es evidente que los internos no tienen ningún acceso a esa información por parte de la Policía. Fue, de hecho, gracias a los juzgados como se consiguió el acceso de las organizaciones -como ocurrió con el auto del 3 de enero de 2011 del Juzgado de Instrucción nº 6 de Madrid-, algo que anteriormente resultaba imposible.

¿Hay algún movimiento a nivel europeo por el cierre de estos centros o su existencia pasa inadvertida?
Existe desde hace años una red llamada Migreurop, con sede en Francia, que de hecho tiene localizados todos los centros de internamiento de Europa.No creo que haya una campaña como tal, pero sí una movilización de determinados sectores sociales contra la existencia de estos centros. De hecho, cuando se dictó la llamada Directiva de la vergüenza, nos encontramos con movimientos importantes en determinados países. Podemos decir que sí existe, fuera de España, la esperanza de que se de una articulación definitiva.
¿Cuál cree que será el futuro de estos centros?
Mientras sigan dándose políticas de criminalización, el futuro será la pervivencia de los CIE. En ese sentido, somos bastante pesimistas. La experiencia frente a los tribunales revela una visión bastante xenófoba de la inmigración, precisamente en el sentido de considerar a estas personas como gente sin derechos y cuya situación es justificable por alguna razón poco concreta. Así, generalmente nunca se deniega el internamiento de una persona, los recursos son denegados, las denuncias son rechazadas, etc. Frente a la Directiva vigente, la perspectiva no es halagüeña, y menos en un contexto de crisis en que todas las personas son vistas como una competencia.

¿Qué opinión le merece el Anteproyecto de Real Decreto para la regulación de estos centros en España?
Pese a que todavía no he podido tener acceso a él, cabe pensar que traerá algunas cosas buenas en el sentido de que, cuando algo es regulado, desaparece la inseguridad jurídica, y eso no deja de ser un paso hacia delante. A día de hoy, sólo hay unos seis o siete artículos en la Ley de Extranjería que regulen el funcionamiento y régimen de internamiento en los CIE, donde se establece que se podrá emplear fuerza de contención cuando la situación lo requiera, por ejemplo. No soy optimista al respecto, y menos viendo las políticas aplicadas de España en los últimos años. Lo que sí es cierto es que, aunque se regule mal, desaparecerá la incertidumbre jurídica. De todas formas, no hay motivos para pensar en el optimismo.

lunes, 27 de mayo de 2013

Náufragos, ahogados, deportados, muertos y apaleados


La suerte de muchos de los inmigrantes en su última etapa del viaje migratorio de Marruecos a Melilla.

Es el caso de una de esta superviviente de un naufagio que no puede parar de llorar, y agotada, termina en el suelo. Acaba de ver el cuerpo sin vida de su marido que se encuentra en el depósito de cadáveres del hospital Hassani de Nador, Marruecos

Mientras, APDH califica de “absolutamente ilegal” la devolución a Marruecos de otra patera llegada el viernes casi al Faro de Melilla, una “expulsión de hecho” el “coger a una persona y echarla, saltándose la Ley a la torera”.


No puede parar de llorar, y agotada, termina en el suelo. Acaba de ver el cuerpo sin vida de su marido que se encuentra en el depósito de cadáveres del hospital Hassani de Nador. Consigue ponerse de pie y tranquilizarse. A su lado un hombre con los brazos en alto,-en posición de oración, tal y como marca la costumbre musulmana-, no deja de rezar. También es familiar del fallecido, y lo despide con una oración. Acompañados en todo momento por la gendarmería marroquí, y tras varias gestiones, han podido darle el último adiós. Consternados, deben mirar hacia adelante, porque han sobrevivido. Son dos de los siete subsaharianos que fueron rescatadas con vida por la Protección Civil marroquí el pasado lunes. Iban en una zodiac, al parecer junto a más de cuarenta personas, que naufragaba por la Mar Chica, una zona costera de ciento quince kilómetros cuadrados, situada en el norte de Marruecos. Esta laguna está situada a los pies de la ciudad de Nador, a pocos kilómetros al sur de Melilla.
Estos siete supervivientes, tres hombres y cuatro mujeres, han sido ingresados provisionalmente en el centro hospitalario de Nador. Nuestras fuentes nos explican que todos llegaron muy nerviosos. “Uno de ellos, estaba en estado de shock y dos de las subsaharianas que están embarazadas, llegaron muy preocupadas”, nos dicen, y nos añaden que “otra de las mujeres traía heridas en el pie”. A su delicado estado de salud se suma la vigilancia permanente a la que están sometidos, ya que hemos podido saber que en la puerta de su habitación hay siempre dos mejanis, “más otros dos que se acercan con frecuencia”, nos indican fuentes cercanas. Además nos señalan que “a algunos de estos subsaharianos, entre sonrisas, les han quitado hasta el móvil”. Aún así, tras cumplir los trámites pertinentes, a quienes lo han pedido les han permitido ver los cadáveres de los cinco hombres muertos que yacían en el depósito de esta instalación sanitaria. Algo, que aunque resulte sorprendente, no es lo habitual en este tipo de situaciones.
Pero éstas no han sido las únicas personas que han fallecido, ya que nuestros contactos nos informan de que “hay dos cuerpos más que todavía no han aparecido”, entre ellos el de un menor. “No sabemos si es de un niño o una niña”, nos aclaran, y añaden que “otras dos personas continúan en paradero desconocido”. Según nos explican, la gendarmería marroquí asegura que “nadando lograron salvarse”, sin embargo, teniendo en cuenta el estado de los inmigrantes, para otras fuentes esta versión “resulta difícil de creer”.
Un intento de entrada a España con unas consecuencias dramáticas, tal y como podemos apreciar en las fuertes imágenes publicadas por un medio de comunicación marroquí, pero que no ha tenido prácticamente repercusión en la ciudad autónoma de Melilla. Los motivos pueden ser que la patera no llegó a acercarse a la costa española y que resulta muy difícil recabar información en el país vecino. Estas razones explicarían que casi ningún medio de comunicación local se haya hecho eco de la noticia. Todo lo contrario, a nivel mediático, ha ocurrido este viernes, cuando sobre las ocho y media de la mañana una patera con diez personas ha llegado casi al Faro de Melilla. Entonces, algunos ciudadanos que vieron la zodiac, difundieron a través de las redes sociales, esta noticia.
Desde la Delegación del Gobierno, insisten en que la embarcación no llegó a Melillay que la Guardia Civil “ha actuado conforme a lo establecido en los convenios internacionales de Salvamento Marítimo”. De ahí, nos dicen desde la Administración General del Estado que los agentes españoles “hayan acudido en su auxilio y hayan comprobado que sus ocupantes se encontraban en buen estado”. Basándose en los convenios internacionales, aseguran que el rescate corresponde a Marruecos, por lo que fue el país vecino el que se hizo cargo de la zodiac.
Un argumento que según el abogado y presidente de la Asociación Pro Derechos Humanos (APDH), José Alonso, “no tiene ninguna lógica”. Aclara que en este caso la embarcación estaría en España porque “desde la costa hasta los siguientes doce kilómetros esas aguas pertenecen a nuestro país”, y añade que el límite territorial ya está marcado por el espigón, “por lo que la Dársena del Puerto, el Dique Sur, el Faro, la playa de Horcas Coloradas y Aguadú se consideran Melilla”, apunta. El abogado insiste en que “más allá del dique, pues a lo mejor, se puede cuestionar”, y asombrado añade que “ningún país defiende que tiene menos aguas territoriales que los que se reconocen en los tratados internacionales”. Además, si esto es así, “¿cómo van a llevar a cabo la ampliación del puerto de Melilla?, ¿la van a realizar sobre aguas que a priori España considera que no son suyas?”, se pregunta José Alonso, refiriéndose al proyecto que contempla ampliar esta instalación.
La valla fronteriza que separa Marruecos y España se adentra en el mar. 
Por eso, asegura que el haber devuelto esta patera a Marruecos es una “expulsión de hecho”, que quiere decir, nos dice este letrado sin ningún tipo de duda, “coger a una persona y echarla, saltándose la Ley a la torera”. Añade que esta actuación es “absolutamente ilegal” porque cualquier extranjero que acceda sin documentación a España “debe ser identificado y si se comprueba que no puede permanecer en territorio español, por los motivos que sean, se emite una orden de devolución firmada por el funcionario”. Insiste en que la presencia de un letrado es imprescindible, “y si hace falta la de un intérprete”, apunta. Un procedimiento que, repite, “no se está llevando a cabo en Melilla”, por lo que “lo hemos puesto en conocimiento del Defensor del Pueblo”, nos dice. También nos recuerda que el pasado 15 de marzo una embarcación con doce personas que se encontraba a quince metros de la orilla de la Playa de los Cárabos, también fue entregada al país vecino. “Se está denunciando en los organismos competentes, ya que se está violando el derecho de extranjería, el derecho de estas personas”, y añade que “puede ocurrir que cualquiera solicite asilo o refugio y hay que tramitarlo, no se les puede expulsar”.
Apesadumbrado, el presidente de la APDH no se cansa de repetir que “estamos denunciando a ver si algún día dentro de dos, tres o cinco años, la gente no tiene que sufrir este tipo de arbitrariedades”. Califica estas “expulsiones de hecho” como “ilegalidades flagrantes” y añade que pueden ser incluso objeto de delito, “no sería extraño que el delegado del Gobierno, el teniente coronel de la Guardia Civil o el responsable que sea, se encuentre con una querella criminal por estos motivos”. Así de rotundo se muestra para dejar claro que la Ley de Extranjería debe respetarse, y que no existe ningún tratado que afecte a Ceuta y Melilla, “que prevalezca sobre esta norma”.

Apunta también José Alonso que debemos ser conscientes de que devolver una patera a Marruecos conlleva “condenar a estas personas a que les rompan los brazos y las piernas”. De hecho, hemos podido saber por fuentes cercanas a los inmigrantes que están en el Gurugú – el monte marroquí donde estas personas se refugian esperando poder pasar a la ciudad autónoma – que una persona ha fallecido en el bosque, y que incluso puede que esté enterrada. No sabemos si es la misma a la que se refería la Asociación de Prensa Marroquí (MAP) el pasado 14 de mayo. Un fallecimiento, que según este medio de comunicación, se estaba investigando y que podría estar relacionado con el salto a la valla del pasado trece de mayo. De ciento cincuenta inmigrantes que lo intentaron, sólo setenta lo consiguieron, el resto acabó entre el hospital de Nador y los campamentos del Gurugú. Estos asentamientos fueron arrasados la noche siguiente por la gendarmería marroquí que actúo con violencia y efectúo detenciones.
Pero no sólo quienes huyen de la guerra y el hambre pierden la vida en Marruecos, sino también en Melilla. Concretamente este viernes ha aparecido el cadáver de una persona cerca del puerto de la ciudad. Al parecer, se trataría de un argelino que se ha ahogado cuando se disponía a viajar como polizón en uno de los barcos que va hacia la península. Una muerte más que se suma a una lista interminable de la que no se conoce la cifra exacta, porque quienes la componen, parece que no cuentan.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Vencidxs, la memoria de María Martín


 

Mi padre me decía que nunca llorara aunque me viera con las tripas en la mano. Así hago. Aunque, tantas cosas van ya, que no sé si tirar para atrás o para adelante. Yo no creo ya ni en mí.
Mi padre se llamaba Mariano. Era labrador y ganadero. Mi madre Faustina. La llamaban “La Grifa” porque tenía el pelo rizado. El primer recuerdo que tengo de ella es el día que se la llevaron. Estábamos en casa de una vecina viendo cómo entraban los moros. Vino un señor, mandado por quien fuera, que me agarró de los hombros y me separó de mi madre para llevársela. Ya no la volví a ver hasta el 20 de septiembre, que la soltaron para que fuera a buscar mil pesetas a cambio de que no la mataran. Como no las tenía, la mataron al día siguiente. Mi hermana se enteró de cuando la llevaban a matar, y fue corriendo detrás, pero no le dejaron despedirse de ella. Un guardia civil le pegó con la culata del fusil y la tiró al suelo. Ese día mataron a 27 personas. Las cuatro mujeres fueron desnudadas. No nos permitieron recuperar la ropa.
Luego nos echaron de nuestra casa. Como estaba arrendada entraron y nos tiraron todo por el balcón. Se quedaron las cosas de la casa y los comestibles. Enseguida se hizo una aristocracia en el pueblo, y allí en el cuartel de la Guardia Civil se iban repartiendo lo de todos: una sábana para ti, otra para mí; aquí sobra una, pues un cacho para cada uno.
Mi padre no estaba en el pueblo cuando mataron a mi madre. Ellos no estaban casados en España, se habían casado en Francia. Pero cuando volvieron de allí no les querían dejar estar juntos porque decían que ese matrimonio no era válido. Mi padre les respondió que sólo se casaba una vez, y por ahí le empezaron las guerras. Lo metieron en la cárcel, lo acusaron de que había sido alcalde: ¿cómo iba a haber sido alcalde si era analfabeto? Él se dio cuenta que tenían intención de matarlo, así que con la ayuda de alguien influyente que le tenía aprecio simuló que lo habían matado. Vinieron al pueblo gritando: “Lo han matado, lo han matado” y todos nos creímos que lo habían matado. Mi madre también. Pero él se había escondido en un pueblo cercano a Ávila. Fue a partir de septiembre de 1936.
Volvió a los dos años con unos documentos que lo protegían de la muerte. Pero las palizas sí se las metían. Un día unos chavales, haciendo una travesura, le tiraron una cesta de aceitunas, y mi padre les riñó haciendo llorar a una. Pero eso lo vio un cacique e intentó pegarle, y él se defendió. Entonces llegaron quince o veinte, todos de su gremio, falangistas y amigos, y lo apalizaron. Llegó a casa y no nos quiso decir lo que le había pasado, nos dijo que había sido un accidente. Pero llamaron a la puerta y era la Guardia Civil. De la paliza que le dieron se le cayó la carne del brazo. Pues porque fue el médico y le curó, al pobre médico, otra soberana paliza. La farmacéutica nos dejaba los medicamentos escondidos por temor a represalias, pues tenía prohibido despacharnos nada. Mi hermana, con doce años, le curaba, y yo le sujetaba la palangana.
A los pocos días de aquello empezaron a saquearnos: “Pásate por el cuartel y nos llevas una carga de patatas”, que eran 115 kg o “pasado mañana una carga de leña.” Muchas veces se lo hemos llevado mi hermana y yo, ayudadas por una vecina, porque cuando él llegaba después había leña de la otra también. Haciéndolo así le evitamos algunas palizas, porque eso era cada dos por tres. Mi padre estaba siempre vigilado y no le permitían salir del pueblo. Aún así, él se callaba, pero nunca se dejaba pisar. Al defenderse, siempre le daban mucho más. Él nunca supo quien había matado a su mujer, pero sí que sospechaba que a nosotras nos hacían algo. Lo cierto es que nosotras íbamos siempre con miedo por la calle. Siempre había algo que darte. Si no era un cachete, te pasaban la mano por encima: “Algún día… No teníamos que haber dejado ni simiente.”
La primera vez que nos hicieron lo del ricino yo tenía 6 años. Nos recogieron por todas las calles y nos llevaron a la Iglesia, a rezar el rosario y cantar la Salve. Nos llevaban a rezar y “a pedir a Dios que fuéramos más buenos.” Luego nos repartieron entre el ayuntamiento, las escuelas y el cuartel de la Guardia Civil. Allí daban el aceite de ricino y las guindillas a los niños de 6 años como yo, que era la más pequeña, porque mi madre no podía ir por mí, pues ya la habían matado. A los niños nos daban medio litro de aceite de ricino con diez guindillas y a los mayores y las mujeres embarazadas, el litro entero con veinte. Una señora, que estaba embarazada, les dijo que si no les daba pena hacerle eso a niñas como nosotras, y le respondieron que si ella se tomaba su ración a nosotras no nos la daban. Se la dieron, lo de ella, lo de mi hermana y lo mío. Cuando se lo bebió le dijeron: “Tú es que no tenías bastante y querías más, pero no te apures que ellas tienen aquí lo suyo.” Aquel día estuvimos desde las 9 de la mañana hasta las 8 de la noche.
Luego ya no nos volvieron a juntar más, nos iban llamando por separado, cada día a una persona diferente. Cuatro o cinco veces al año, o más, cuando se les antojaba. La última vez que me lo hicieron a mí fue cuando yo cumplí los 17 años. Vinieron los maquis al pueblo y ellos creyeron que yo los había visto. Esa tarde mataron a uno de los caciques del pueblo. Pero yo no vi nada, y ellos querían que les dijera que sí. ¿Cómo iba a decirles que sí si no había visto nada? Tuve que beberme el litro de ricino y tragarme veinte guindillas. Tuve que ir a las olivillas, unos olivares donde íbamos a hacer nuestras necesidades porque no había servicio, más de cuarenta veces. Iba, y antes de llegar, ya me tenía que volver. Esa noche me acosté inconsciente en la cama. Mi padre me llamaba y yo no podía contestarle.
En realidad nosotras nunca le contamos a nuestro padre lo del ricino. Él hubiera ido a por ellos, y luego lo habrían matado a él. Siempre nos protegía y nos defendía, así que lo protegimos también. Murió a los 85 años y nunca lo supo. Tampoco nunca se quiso volver a casar con otra mujer. Decía que no había ninguna que pudiera ocupar el puesto de mi madre. Siempre le poníamos flores donde la enterraron, y yo se las sigo poniendo. Tampoco he dicho nunca el nombre de los que le daban las palizas a mi padre, ni de los que nos daban el ricino y las guindillas. Los hijos de los asesinos han sido mis compañeros de escuela, y guardamos buena relación, por eso yo nunca les contaré lo que hicieron sus padres. Ellos no tienen la culpa.
Nosotras crecimos en la pobreza. Mi padre compró una cabra y me fue tirando adelante con el espumante de la leche. Cuando cumplí veinte años me marché a Madrid a servir a unos señores y a criar a sus cinco hijos. Todavía guardo buena relación con ellos. Estuve doce años. Luego volví a Pedro Bernardo y me casé, de mala gana, porque mi padre quería recogerse ya. Pero mi marido era buena persona, y a mí con eso me bastaba.
El 7 de diciembre de 1963 nació mi primera hija. Mi hermana me acompañó al hospital, en Madrid, a dar a luz, pero tuvo que marcharse a trabajar. El médico y la enfermera se miraron. Me empezaron a dar unas contracciones muy fuertes, pero la enfermera me decía que no apretara. Entonces yo hice un gesto para contener la respiración. Digo yo si la enfermera creyó que era para hacer más fuerza. Me dijo otra vez que no apretara, y me dio dos bofetadas, a dos manos. Me entraron ganas de hacerle tragar sus gafas, pero pensé: “María, que estás en sus manos y te puede hacer daño a la criatura.” Así que me contuve. Me cruzó las piernas y se sentó encima de mí. Luego vino el médico y le preguntó a la enfermera que qué pasaba. Le contestó: “Nada, éstas de pueblo, que son unas animales.” El médico dijo que el parto era inminente, pues la niña estaba perdiendo respiración. Me llevaron corriendo al quirófano y me anestesiaron. La niña nació, pero yo todavía no la he visto.
Yo tenía la confianza de que ella seguía en al incubadora con la pulsera, pero no me la enseñaban. Al final vino una monja y le exigí que me enseñara a la niña. Se santiguó. Le dije: “Ya no me digas más, pero quiero verla viva o muerta.” Me contestó que ya hacía ocho días que la habían enterrado. Y a mí me habían dejado tan maltratada de aquí abajo, que yo no supe dónde había estado en todo ese tiempo. Tampoco si alguien me visitó o no. Lo que sí sé es que una mujer andaba buscando en el hospital un bebé para adoptar, y negoció con una madre soltera que limpiaba las habitaciones, pero ella le dijo que no vendía a su bebé por nada.
El día 24 de diciembre me dieron el alta. Me cortaron los puntos, tenía todo infectado, pero como ya no tenía fiebre, me dieron el alta. Cuando salí a la calle no paraba de nevar. Desde O’Donnell hasta la Puerta de Alcalá no encontré un taxi. Cuando llegué a mi casa no había nadie, y le pedí a una vecina el dinero para pagar el taxi. Veinte años después me tuvieron que volver a operar, a cortar y a coser de nuevo. El médico me dijo que no sabía cómo podía haber tenido a más hijos, que podía haber perdido hasta las tripas.
Yo siempre he sospechado que a mi niña me la robaron, por eso pido que digáis que si hay alguna mujer que sospeche que sus padres no son sus padres, y que su nacimiento fuera en esas fechas, por favor, que se ponga en contacto conmigo.
He tenido mucho miedo toda mi vida. He pasado por muchas cosas: me han llevado en procesión a la Iglesia, me han apedreado, me han insultado desde niña. Pero un día empecé a luchar por poder sacar a mi madre del pie de la carretera donde todavía permanece enterrada. He pedido ayuda a todo el mundo, a jueces, a ministros, hasta al Rey, porque si hubiera sido la madre del Rey ya la tendría recogida. Al fiscal del Supremo, a los presidentes del gobierno.Nunca nadie me ha dado una solución. Aquí tampoco nadie se implica verdaderamente con nadie. La gente va a buscar su jornal y nada más. De mala sangre no pueden salir nunca buenas morcillas. Y, a nosotros, que no somos nada, el mundo entero nos da la espalda.
———————————————————————————————————————————————
La asociación DateCuenta lanza un crowdfunding para financiar el libro del proyecto ‘VENCIDXS’. La obra relata la historia de un centenar de testimonios que fueron represaliados durante y después de la guerra española de 1936 dando primera voz a personas anónimas que sufrieron las consecuencias del régimen franquista.
Ahora DateCuenta, que lleva cinco años trabajando en el proyecto, busca la ayuda para la edición del libro de VENCIDXS a través de la plataforma LÁNZANOS donde toda aquella persona que esté interesada en conseguir un ejemplar pueda realizar una pre-­‐compra, sin intermediarios y directo de imprenta y, además conseguir como recompensa otros materiales relacionados con la lucha social o la memoria histórica. El proyecto ‘Vencidxs’ es el primer gran proyecto de esta asociación sin ánimo de lucro, y ha sido autogestionado desde el principio. Se trata de un proyecto transmedia que difundirá los testimonios más olvidados de la historia de España en tres formatos: un libro, un documental y una página web con todas las entrevistas.

viernes, 17 de mayo de 2013

Comunicado de Movimiento contra la Intolerancia con motivo del Día Internacional contra la LGTBFobia y la Homofobia



LA VIOLENCIA HOMÓFOBA AFECTA AL 25% DE LA COMUNIDAD LGTB

Repunte del discurso de Intolerancia hacia homosexuales en Internet

Movimiento contra la Intolerancia expresa su preocupación por el informe realizado por la Agencia de Libertades Fundamentales de la Unión Europea (FRA) sobre homofobia que sitúa en un 25% las personas del colectivo LGTB que declaran haber sufrido algún tipo de violencia por el hecho de ser homosexuales, en los cinco años previos a la realización del estudio. Este dato surge de una encuesta realizada a 93 mil personas de la comunidad LGTB en toda la Unión Europea.

Movimiento contra la Intolerancia alerta de que el discurso de odio en sus diferentes grados, en contra del colectivo LGTB aumenta su vulnerabilidad y peligro potencial de ser víctimas de discriminación e incidentes y delitos de odio.

Movimiento contra la Intolerancia pide a las autoridades educativas de toda España que presten atención a la homofobia en las aulas. El 97% de los estudiantes de enseñanzas medias declaran que sus compañeros hacen comentarios homófobos con regularidad, lo que se puede conectar con el dato que ofrece la Federación Estatal de Lesbianas Gays y Bisexuales en su informe sobre homofobia en las aulas que afirma que los y las estudiantes de secundaria multiplican por cinco el riesgo de suicidarse con respecto a sus compañeros heterosexuales.

Movimiento contra la Intolerancia promueve en España la Campaña No al Discurso del Odio On Line que este día 17 de Mayo realiza su primera jornada de Acción. Esta campaña ha sido impulsada por el Consejo de Europa para involucrar a los jóvenes europeos en el activismo on line en contra de toda forma de intolerancia.

En el Día de Acción contra la Homofobia se proponen dos acciones concretas:
  •          Compartir este video al menos con tres personas en las redes sociales:


  • ·   Poner al menos un mensaje positivo en contra de la homofobia para contrarrestar discursos de odio e intolerancia hacia la comunidad LGTB.